Revista Diario

11. Vuelta a ¿casa?

Publicado el 17 diciembre 2012 por Enferme @kikerufian
Es extraña la sensación de vuelta a casa. Una casa a la que en realidad ya no perteneces, donde ya no vives y que solo estás de paso. Una vez sales fuera de ella para buscarte la vida por ti mismo, esa casa se convierte en "la casa de tus padres" u otra, pero no la tuya, dejas de llamarla de esa forma. Así que sí, volvía a casa pero la de mis padres, no iba a ser un sitio donde estuviera mucho, en principio, ya que tan solo era una parada más de este viaje. Lógicamente esta sensación de pertenencia o no, no quita la ilusión de volver al sitio de donde partiste. Esa sensación también es extraña, porque siempre que visitaba esa casa era solamente porque tenía vacaciones y sólo estaba allí unos días. Ahora sería algo distinto.
El reencuentro fue buenísimo. Mi madre y mi hermano me esperaban allí con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que aquella visita duraría un poco más. Nada más llegar vacié todo el coche en aquel garaje que temblaba con lo que se le venía encima. Con todo por ahí subí a casa a comer y estar tranquilos con ellos contándoles como fue el viaje. Después de esta sobremesa vino el primero de mis problemas: meter los seis años canarios, un piso, dentro de aquel garaje. De nuevo me repito que no somos conscientes de lo que acumulamos cuando vivimos en un sitio durante bastante tiempo. Al cabo de una semana y tras varias reformas en el garaje pude acomodarlo todo allí.

La verdad que la primera semana fue excesivamente estresante por diversas razones. La primera de ellas fue el problema del garaje teniendo a la vez, lógicamente, que ir a clase de noruego donde las horas aumentaban y dejaban poco tiempo en el día. Éste me ocupaba casi todo el día, sobre todo los martes y jueves en los que tenía 8 horas de clase. El curso ya pasaba el límite de intensivo y había que esforzarse muchísimo más.

Aparte de esto, volver a casa supone un cambio radical en tu rutina, en tus costumbres. Ahora tienes que adaptarte a vivir de otro modo que, aún con libertad no es lo mismo. Esto no supone que sea bueno ni malo, simplemente una cuestión de adaptación, otro de los muchos cambios que debería sufrir.

Con todo esto, fue pasando la semana y todo se normalizaba. Como digo, el curso continuaba su ritmo frenético donde se empezaba a palpar ciertas tensiones ya que cada vez iba quedando menos para la conclusión del mismo. Mientras tanto Nuri y yo íbamos acostumbrándonos a vernos por la pantalla del ordenador, la misma que sería mi compañera inseparable (para mi desgracia) hasta que viajara a Noruega. A eso no estaba dispuesto acostumbrarme, a ver a Nuri por el ordenador de una forma tan fría por mucho que los dos nos empeñábamos en que no pasara, pero la realidad fue que nos tuvimos que hacer a ella, a la única vía que tendríamos para poder vernos.

Pero bueno, no fue tan malo ya que en breve llegó la hora de volver a nuestra isla, esta vez si que sería la última. Cuando quisimos darnos cuenta, las noticias por Skype hablaban de qué habías metido en la maleta o que te quedaba de hacer de ella. Así llegó el día en que volábamos a nuestra isla. La verdad es que cogimos un vuelo perfecto, ya que volábamos desde nuestras ciudades y haríamos escala en Madrid donde cogeríamos el mismo avión hasta Tenerife. Recuerdo que ese día estaba cansadísimo ya que el día antes había viajado hasta Murcia para un encuentro que tuvimos algunos del norskkurs, pero eso lo contaré detallado en la próxima entrada.

Nuri y yo teníamos la sensación de que en esa semana, la última de verdad, que estaríamos en Tenerife nos iba a dar tiempo de hacer infinidad de cosas, pero no sería así. Llegábamos un sábado y nos iríamos al lunes siguiente. Debíamos hacer un examen el martes, lo que estaba muy bien, ya que nos dejaba el resto de la semana libre. Pero ya os digo, el tiempo es siempre el protagonista queramos o no y ésta vez voló casi sin darnos tiempo a nada. Disfrutamos muchísimo en aquella semana donde a partir del martes estábamos "libres" y no había una mudanza de por medio. Pero el día que guardaré con más nostalgia sería el último que pasamos allí.

Coincidía ese día con una fiesta típica de los pueblos de Canarias, una romería que en este caso se celebraba en Tegueste. Es un día muy señalado y en el que Nuri y yo siempre que hemos podido hemos ido con todos nuestros amigos cuando vivíamos allí.  A aquella romería acudió casi todo el mundo que conocíamos, así que aunque fuese solo un momento pudimos verlos a todos. Pero como siempre las odiosas despedidas de nuevo hicieron acto de presencia. Éstas fueron algo más dolorosas ya que eran de verdad, esta vez era un "hasta luego " muy largo, casi un adiós. Recuerdo el regalos que nos hicieron, aquel CD de video con fotografías que resumían todo el tiempo vivido allí, creo que no he llorado más en mi vida.

Como siempre, todo se acaba y aquel día se terminó y con la sensación de que pasaría muchísimo tiempo hasta que los viéramos de nuevo y que ninguna teconología ni nada podría sustituir estar al lado de ellos. Nuri y yo volamos al día siguiente rumbo a Madrid donde de nuevo nos separaríamos, pero yo seguramente iría a Asturias en breve, en unas semanas, pero eso no nos servía. No queríamos acostumbrarnos a estas separaciones pero desgraciadamente, como contaré después, viviremos unas cuantas.

De nuevo a Granada a continuar con este viaje, con esta vida que me estaba cambiando y que mientras estuviese allí en Granada disfrutaría al máximo de los que más quiero, que se lo merecían después de haber estado fuera tantos años.

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