Revista Diario

¿Abusón o abusado?

Publicado el 21 junio 2018 por Pedro Sánchez @kbyte

Comenzó más o menos así:

A punto de entrar a la clase de química, todos ocupados con lo suyo, apareció Lemus. Regordete, güero, pecoso y enojado con la vida y que solo buscaba pleitos con quien fuera para sacar el coraje acumulado del día anterior por la violencia que vivía en su familia, iba dando zapes y empujones para abrirse paso por la fila.

Maltrecho, con el uniforme sucio y la camisa desfajada dejando ver casi la mitad de su enorme panza; con una mano sostenía su mochila a medio abrir, dejando ver las libretas deshojadas en su interior y en la otra, una bolsa de churros bañados en salsa que, hábilmente no soltaba para madrearse brevemente a quien se dejara.

Era mi turno. Se paro frente a mí y con el hocico lleno de churros, escupiendo residuos mal masticados se refirió a mi con un gutural sonido: «¿tú qué Leyva?» —mientras me empujaba.

Ya estábamos todos artos de la patética presencia de Lemus y de su constante abuso, pero nadie hacia algo.

De la nada, salieron dos trompadas que, hábilmente Lemus, al ser del “barrio”, esquivo. Una patada bien dada en el trasero flácido de Lemus sonaba bofa y de la nada, él se caía de espaldas pues perdió el equilibrio.

Las risas estallaron al unísono y Lemus solo atino a exclamar débilmente: «¡sobres pues Leyva!».

Mi corazón latía a mil por hora y la respiración agitada no se fue pronto. Pensé que, a la salida, Lemus me buscaría para la revancha y que me partiría toda la madre. No fue así.

Los abusos y fastidiosos tratos de Lemus fueron de mas a menos, hasta que el ciclo escolar terminó.

Nuevos compañeros y nuevas etapas llegarían, eso sí, sin más brabucones.

Jamás volví a saber de Lemus.

Imagén: Arcaion | Pixabay.


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