Revista Talentos

Aceptar...

Publicado el 07 marzo 2011 por Pluvisca

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 Foto: Ru

El dolor no se cura con el tiempo, no, lo que ocurre es que cuando entra en nosotros, le cuesta instalarse, hace mucho ruido buscando el lugar en el que asentarse.
Cuando al fin lo encuentra se coloca a sus anchas e invade cada poro del lugar. Si le cerramos la puerta, se cuela por las rendijas o por el agujero de la cerradura...
El día que entró en mi creí que no podría resistir la presión, el corazón se me encogió al tamaño de un garbanzo y sentí que me atravesaban como con una aguja gorda de hacer punto, el estómago estaba lleno de una especie de pelota dura que no dejaba entrar ni un grano de café, me costaba un esfuerzo descomunal respirar, era como si me ahogaran con un hilo invisible, las lágrimas se deslizaban como pequeñas fuentes automáticas que no podiía controlar...
Mi mente me pedía que huyera a toda prisa de ese estado...lo lograba cuando conseguia dormir unas horas...
Pasaron los días, las semanas, los meses...el dolor se instaló, ya podía respirar, la pelota del estómago empequeñeció y el garbanzo aumentó de tamaño. En su lugar apareció una trsiteza profunda y un vacio  gigantesco llamado ausencia...
Entonces decidí no hacer frente por más tiempo al  dolor, le dejé a sus anchas, y no es que marchara ni se diluyera pero me dejó que, a ratos, creyera que había salido de vacaciones y pude reir y disfrutar pequeños momentos, saborear algún que otro bocadito de amor...
Si no le molesto, sigue regalándome pequeños espacios...
Teresa

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