CAPÍTULO 9
Konrad estaba cansado de conducir el pequeño Panda, era bastante incómodo y no tenía ganas de volver a Cangas del Narcea, no por él, sino por su compañía.
. -Tenemos que parar a echar gasolina-dijo.
. -No digas tonterías, si este coche gasta menos que un mechero, tenemos gasolina para ir y volver.
. -Debo estirar las piernas, este coche es muy p
equeño y las tengo dormidas-insistió él.
. -Eso ya es otra cosa. Pararemos en la próxima gasolinera y me invitarás a un helado-sonrió la pelirroja.
. -Con las prisas no me acordé de pasar por el banco a retirar fondos-se hizo él el despistado.
. -Está bien, ya te invito yo. Espero que no seas tan machote y no te dejes invitar por una mujer.
Konrad estaba empezando a pensar que tal como le iban las cosas, era
mejor que una mujer le invitase a morirse de hambre.
. -Nunca fui cerrado de miras, encanto. Si insistes en invitarme a algo, lo aceptaré gustoso. Pero no un helado, mejor un refresco, hace mucho calor y es raro por estas latitudes o por lo menos, eso noté el año pasado-Konrad recordó su llegada hacía ya un
año a tierras asturianas y en esas fechas, tenía que ech
ar mano del paraguas y abrigo.
. -Sí, la verdad es que hace mucho calor y eso, las chicas del norte, no lo aguantamos tan bien. Deberé comprar crema de protección solar en la gasolinera, si hay o ya nos pararemos en alguna farmacia que veamos-la chica ahora se había puesto seria.
. -Ya, tu lindo cutis. Las arrugas del sol y eso...
. -Soy muy blanca, sí. ¿Algún problema?
. -No, no. Ninguno en absoluto.-dijo él, le encantó incomodarla.







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