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Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad

Publicado el 09 abril 2013 por Javier Díaz Sánchez @javierdisan
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos
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Fuente: http://sxc.hu/

Educar a un niño requiere de mucha paciencia, sobre todo para el niño.

Padres y madres son los principales educadores y cuanto antes tomemos conciencia de ello mejor será para el futuro de nuestros hijos. Por desgracia, el frenético devenir de nuestras vidas, la utópica conciliación familiar y la escasa implicación de muchos padres y madres en el desarrollo madurativo de sus hijos distorsiona la función que debe cumplir la escuela, es decir, apoyar, reforzar y complementar la educación del menor. Pero antes de seguir conviene aclarar, de manera muy breve, el concepto de educación, esto es, un proceso bi-direccional mediante el cual se transmiten conocimientos, costumbres, valores y formas de actuar. En definitiva, un proceso tan amplio y complejo que requiere de la participación activa y constante de distintos actores. Esta realidad se contradice con la conducta de muchos padres que pretenden delegar en la escuela, y por tanto, en los profesores, gran parte de la responsabilidad sobre la educación de los hijos. El resultado no es otro que el de convertir la escuela en una especie de parking en el que muchas familias depositan al niño cuando inicia su etapa escolar para recogerlo cuando ya han alcanzado la mayoría de edad. Si a esta situación le sumamos la continua pérdida de autoridad de los docentes, el panorama termina siendo devastador.

Este modelo de familia en el que los padres desatienden sistemáticamente su responsabilidad como educadores trae consecuencias muy negativas para el niño desde edades tempranas. Da igual que intentemos acallar conciencias pretendiendo matricular a los hijos en colegios de prestigio o pagar por acceder a más y mejores servicios educativos. Su impacto será escaso o nulo si la educación no se entiende como un continuo en el que la escuela tan solo es un eslabón más de la cadena. Es necesario asumir que la educación no tiene ni horario ni espacios definidos, que no empieza a las 8 y termina a las 3, y por tanto, no se restringe al ámbito escolar. En este sentido, me parece oportuno traer a colación una de las excusas que más a menudo escuchamos: “los niños pasan la mayor parte del día en la escuela”. Pues bien, lo cierto es que pasan allí menos del 20% de su tiempo (dato extraído de “La Educación del siglo XXI”). Por tanto, solo teniendo en cuenta esta distribución de tiempo deberíamos llegar a la conclusión inequívoca de que las escuelas no pueden ni deben asumir toda la responsabilidad sobre la educación de los jóvenes.

Algunas causas

Los adultos estamos especialmente expuestos a numerosos estresores en nuestro día a día. La situación laboral, económica, de pareja, etc. pueden provocar una tensión acumulativa difícil de gestionar. Por ejemplo, la vida profesional activa de padres y madres, con agotadoras e interminables jornadas de trabajo, es una variable que no facilita las cosas. No es difícil entender que al final de la jornada, cuando muchos padres y madres vuelven a casa, la energía consumida durante el día les deja al borde de la extenuación. En el lado opuesto, las familias que atraviesan una situación de desempleo tampoco tienen las cosas más fáciles ya que la falta de esperanza por encontrar nuevos horizontes profesionales puede mermar la autoestima además de los ingresos, y por tanto, también tiene su impacto en la relación que mantenemos con los hijos. En definitiva, todas ellas son situaciones que pueden desencadenar las primeras brechas en la educación, especialmente cuando los padres se sienten tan agotados física o emocionalmente que su único objetivo durante la convivencia paternofilial es “niño, no me molestes”. Uno de los síntomas de que esto está sucediendo es cuando los padres empiezan a someterse a los deseos y caprichos de los hijos sin valorar las consecuencias a medio y largo plazo. Pero ¿es una excusa el cansancio? Me temo que no. Como tantas otras cosas en la vida, la educación de los hijos es una cuestión de actitud y sobre todo de responsabilidad.

Los padres inteligentes ponen límites a la libertad de sus hijos.

Otro de los aspectos que debemos tener en claros es que la calidad de la educación de los hijos no depende tanto de las horas que pasamos con ellos sino de la constancia y rigor con que intentamos educarles. Reconozcámoslo, educar es muy duro porque exige grandes dosis de esfuerzo y sacrificio. Hay que dar explicaciones y argumentos al niño para que comprenda porqué actuamos de una determinada manera, hacerle cumplir unas normas de convivencia, y dedicar tiempo a escucharles y a atender sus necesidades emocionales.

Crisis de valores

Existe un problema muy serio en los valores y actitudes que inculcamos a nuestros jóvenes pero no en la escuela sino sobre todo, y principalmente, en las familias y en la sociedad en general. ¿Transmitimos la idea de esfuerzo, de constancia, de responsabilidad? La ley del todo vale mientras mi hijo sea feliz es el principio básico sobre el que muchos padres construyen su relación con el menor. Sin duda, la manera más eficaz de inculcarles actitudes propias de un hedonismo patológico que, parafraseando a Gabriel García Márquez, serían la “crónica de un fracaso anunciado”.

No les evites a tus hijos las dificultades de la vida, enséñales a superarlas. Louis Pasteur

En resumen, más allá del papel que juegan padres y madres, personalmente creo que el concepto que debemos integrar en nuestra vida cotidiana es el de educación en sociedad trascendiendo los límites propios de las familias y de los centros educativos. Todo está interrelacionado y cabría preguntarse si la sociedad que tenemos actualmente es la causa, la consecuencia o una compleja combinación de ambos factores. Lo que tengo claro es que todos jugamos un papel en la sociedad, y por tanto, los valores y actitudes que emanan de ella son un reflejo de lo que somos y de lo que aportamos como individuos. ¿Qué opinas?

El secreto del comportamiento humano es que no está determinado por los genes, sino esencialmente por el entorno. Craig Venter (primer investigador en secuenciar el genoma humano).


Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad

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