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Con el culo al aire

Publicado el 21 mayo 2013 por Perropuka

Con el culo al aireEs una postal surrealista ver a los venezolanos hacer fila para adquirir papel higiénico. A contrapelo, en Bolivia todavía da vergüenza ir a comprarlo, en cuanto se pueda se lo oculta bajo otros productos en el carrito del supermercado o se lo mete en una bolsa opaca a salvo de las miradas. Fue peor que una reprimenda que una vez me ordenaran ir a cambiar dólares para una empresa en la que comenzaba a trabajar: a la administradora no se le ocurrió mejor idea que encargar un megapaquete de esos para uso de la oficina. Para mi mayor desdicha me tropecé con una compañera de universidad en pleno pasillo del mercado con mi compra exclusiva al hombro, cual si llevara una chaqueta sobre él. Con la cara rojo tomate, rajé de allí como pude, luego de decirme “mierda” mentalmente.  Minutos más tarde, de regreso en el microbús procuraba no mirar a nadie. En qué otra cosa podría pensar la gente al verme con mi bolsa gigante y transparente. Fue uno de los momentos más embarazosos que sufrí en mi, entonces, joven e inexperta vida. A los novatos siempre se les encarga las tareas más crudas o pesadas. Aquel día comprendí sin asepsia lo que significaba el derecho de piso.
Hoy, con los años encima y algún pelín de barba que asoma canosa, me cago de risa –perdonen la expresión, aunque no sea licencia poética- cuando recuerdo este chusco episodio de mi, más bien, aburrida existencia. Pero viendo a los ciudadanos venezolanos todo serios con sus rollos en los brazos, no hay ganas ni de esbozar una sonrisa. Cuando las necesidades de evacuación aprietan, no hay vergüenza que valga. Todo lo contrario para un gobierno que se dio de culo con la realidad, vergüenza debería darle que escasee lo más básico. Distará de ser motivo de orgullo para la revolución bolivariana ponerse a importar a la desesperada 50 millones de rollos, que, considerando el número de habitantes, apenas alcanza a dos por cabeza, por posadera habría que decir, para ser más exactos. Provisión que no suple ni un par de semanas, dando la impresión de que los estrategas del comercio exterior tienen la cabeza llena de pajaritos o de otra cosa. Hilarante y, a la vez, humillante tarea para el ministro del área. Hay que tener estómago para ir al puerto a recoger los contenedores con papel W.C.
Yo me pregunto, dónde está el gobierno de Evo Morales para poner el hombro a su hermano de lucha, ya que, por “razones humanitarias”, nos dejó a los bolivianos sin arroz para donarlo al régimen cubano (para paliar el desequilibrio tuvo que ordenar la importación del grano, así de fácil, al tiempo que regala algunos tractores a los campesinos con toda fanfarria). Si hasta tuvo la suficiente solidaridad –que está bien--con el estado enemigo de Chile para llevarle agua embotellada y leche en polvo aquella vez del terremoto de Concepción y alrededores. No me digan que la situación venezolana no tiene visos de una catástrofe humanitaria. 
Con el culo al aireEse es el legado del difunto Chávez, una nación con el culo al aire: Desabastecida, improductiva, hambrienta, caótica y violenta. Un país que nada en petróleo y gas y, sin embargo, a menudo paralizado por cortes de energía.  Un hermoso país de llanuras interminables, verdes y fértiles donde escasean la leche, los cereales, el pollo, el maíz de las arepas, el café, el azúcar… ¡en una tierra tropical!  Vaya absurdo de república bananera. Eso pasa cuando los gobernantes ideologizan hasta lo que hay que llevarse a la boca y no entienden ni papa de economía (por resumir), que por cierto, los venezolanos no están solos, los acompañamos en el esperpento. De pronto, podemos pasar, en cuestión de meses, de exportadores de azúcar a llorar de amargura cuando escasea en los mercados locales. Y así con productos varios, por los que no pocas veces la población se ve obligada a formar cola disciplinadamente. Los jefes del poder les echan la culpa a los empresarios, a los comerciantes mayoristas, a las inundaciones y sequias, repitiendo como loros su manual revolucionario. Que nadie se salva, ni los gusanos y plagas.
Pero lo del papel sanitario recuerda tanto a los tiempos de la Unión Soviética, donde era considerado un pequeño lujo burgués, al alcance de los burócratas con influencia o de quien podía conseguir en el mercado negro junto a otros productos lujosos como los chocolates y cítricos. (He leído de rusos que vieron naranjas por primera vez por accidente, al descarrilarse un tren sobre la nieve). Tal parece que los venezolanos tendrán que acostumbrarse a colgar papel periódico de un gancho doblado como los cubanos lo vienen haciendo hace medio siglo. Por lo menos podrán mejorar su nivel de lectura mientras la madre natura hace lo suyo. Ya ven, no es tan malo después de todo. 

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