Revista Diario

¿Crisis, guerra, prosperidad?

Publicado el 12 julio 2012 por Jenn @JennCalvillo
A través de Twitter ha llegado a mis ojos el siguiente vídeo:

Hace unos días ya estaba inquieta por el camino que están tomando los acontecimientos en los últimos meses -o años más bien-, pero he de reconocer que ya no estoy inquieta, ni estoy asustada, no, para nada, ahora tengo miedo, puro, duro y llano miedo.
¿Qué nos espera al final de esta senda? En los últimos días me he hartado a leer en diversos canales eso de que, en todas las crisis, se ha seguido el mismo camino para recuperar la calma. ¿Cuál es ese camino? Muy sencillo, la primera etapa la tenemos clara, pues vivimos en ella desde hace unos años -aunque se haya intensificado su notoriedad en el último año-, y aunque no se sabe con certeza hasta cuando estaremos estancados en esta crisis, la que le sigue -remitiéndonos a la herencia histórica de este planeta- no es mejor. 
¿Crisis, guerra, prosperidad?La siguiente etapa del camino siempre ha sido una guerra -ya fuera dentro o fuera del propio país-. Con tan sólo escribirlo un escalofrío me recorre la espalda, y es que es algo muy grave el simple hecho de planteárselo como posible opción recurso a medio plazo. Pertenezco a una generación que sólo ha visto las guerras desde la televisión, o a través de los libros de texto, quizás sea ese el motivo que me impide visualizar que eso, una guerra, pueda ser posible en España en pleno siglo XXI. Dado el cáliz de los problemas, me tranquiliza un poco -no creas que mucho- pensar que no hablaríamos de guerra en sí, sino de una revolución, la cual tiene pinta de tornarse violenta con una ligera brisa de aire -¿ves por qué no me tranquilizaba mucho?-. Sí, es cierto, tras más de 20 años de borreguismo -sí, sí, ¡toda una generación!-, el pueblo parece despertar paulatinamente, tanto los que nacimos pensando que estaba todo hecho, como los que lucharon porque nosotros lo creyéramos. Durante poco más de un año se han intensificado las protestas -que para ser sinceros antes eran casi inexistentes-, y siempre en su mayoría con un aire pacifista desde el reivindicador -nosotros, el pueblo-, y lo único recibido ha sido opresión, violencia, ilegalización y la nomenclatura de terroristas. Seamos sinceros, ¿cuánto tiempo puede un pueblo soportar la opresión de una democracia ante tal situación como la actual sin rebelarse? ¿Y cuánto tiempo sin rebelarse violentamente? No soy estadista, ni clarividente, pero veo grandes probabilidades de que el tiempo se está agotando, si no lo ha hecho ya... 
La última etapa del camino es la prosperidad, pero perdonadme si se me antoja muy lejana. Prosperidad, ¿qué es realmente la prosperidad a la que aspiramos tras la revolución? ¿Tener oportunidad de tener un trabajo digno, un techo bajo el que cobijarse y un plato caliente -o frío, no hay que ponerse quisquilloso- que llevarse a la boca al menos 3 veces al día? ¿Poder disfrutar de los derechos -e igualmente de los deberes- por los que lucharon los que nos precedieron? ¿Tener un gobierno democrático en su más literal significado? ¿De qué prosperidad hablamos, de la nuestra, como pueblo, o de la suya, como oligarquía? Me asusta que mi sobrino no tenga un futuro, pero me asusta más aún que no tenga un presente. 
¿Crisis, guerra, prosperidad? No estoy segura de que sea el camino correcto a seguir -a pesar de las bastas referencias de este sistema-, aunque cada día parece más claro. Ojalá una sociedad unida, ojalá un gobierno competente, ojalá un país ejemplo, ojalá un mundo perfecto, ojalá sueños cumplidos... 
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