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Desastres naturales y desigualdades sociales

Publicado el 13 noviembre 2013 por Globalhumanitaria @Ghumanitaria

Por Gabriel Díaz, responsable de publicaciones de Global Humanitaria.

Tras el paso del tifón Haiyan/Yolanda, desde Filipinas nos llegan imágenes desoladoras y cifras de muertes de una dimensión tan escalofriantes como adormecedoras. Otra vez el impacto, la emergencia y la conmoción. Sin embargo, poco tiempo habrá de pasar para que los telediarios hagan foco en otra desgracia que superará a Yolanda y así sucesivamente. A un ritmo vertiginoso, no habrá tiempo para indagar en las causas de tanta destrucción. Y como dijo a nuestra revista Global Rosa Ma. Calaf, una vez más nos afectará el síndrome de la “piedad cansada”.

En Filipinas hay un promedio de 20 tifones al año, pero éste ha sido el más devastador, dejando más de 10.000 muertos, según datos estimativos.  ¿Qué sector de la población fue la más afectada? La franja más pobre. ¿Vivían estas personas en zonas de alto riesgo? Sí.  ¿Se tomaron medidas preventivas? No. Tras el tifón, ¿algo cambiará? Es altamente probable que no. Ya en su momento el periodista Ignacio Ramonet hizo un análisis de la relación entre desigualdad social y catástrofes como la filipina.

“Por muy ‘natural’ que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido”, escribió Ramonet en Le Monde tras el terremoto de Haití en 2010.

Filipinas tienes alrededor de 95 millones de habitantes repartidos en un archipiélago de 7 mil islas. De acuerdo con datos de UNICEF, hay cerca de 17 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza. En ese sentido, el portal Social Watch indica que a pesar de que los gobiernos han prometido erradicar la pobreza y reducir la desigualdad, y de que la economía ha crecido, “el país sigue empantanado en una realidad de gran pobreza y desigualdad junto con una degradación ambiental que no se detiene”.

En Filipinas como también ocurre en Perú, país en el que trabajamos, el crecimiento económico no se traduce en mejores condiciones de vida para los más excluidos. Son países cuya población aumenta a ritmo acelerado, sobre todo entre los hogares más pobres. Parte de esta población, en busca de subsistencia, suele asentarse en territorios inhabitables con alto riesgo de sufrir las consecuencias de tifones, maremotos o terremotos, como el ocurrido en Ica, Perú, en 2007.

“Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros”, confirma un informe de la ONU citado por Ramonet, aplicable tanto al caso filipino como al peruano y tantos otros. La población más vulnerable: niños, mujeres y ancianos, acaban siendo siempre los más afectados.

Imagen: Un niño delante de los escombros de su casa, tras el terremoto en Ica.


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