Revista Literatura

Inocentes corderos

Publicado el 07 noviembre 2015 por José Ángel Ordiz @jaordiz

-¿Por qué me temes, José Ángel?

-Porque no soy imbécil, Hannibal.

-¿No lo eres? Me parece que sí: tienes miedo de una ficción.

-Sonríe cuanto quieras, Lecter, pero quédate ahí, en el papel o en las imágenes, que eres peligroso y como me descuide lo más mínimo, como me deje embaucar por tu labia, me comes el hígado o el cerebro o la totalidad de mis órganos.

-Qué ricos los de Clarice, los tuyos ya no.

-A buen hambre no hay mal pan, tú quédate ahí, no te acerques.

-¿Todavía sientes el clamor de tus corderos inocentes?

-Sí.

-Podría ayudarte a olvidar.

-No, gracias. Su silencio, el silencio de mis peores recuerdos, al igual que el de los mejores, no me recordaría que he vivido, que estoy vivo todavía.

-Tus deseos son órdenes para mí.

Opino, ya está escrito en este blog, que la mayor parte de las mejores películas de la historia del cine están basadas en relatos exitosos antes o después de que sus personajes, a través de guiones adaptados, cuenten en las pantallas lo narrado en esas historias escritas.

Un buen relato no cabe entero, es evidente, ni en el más afortunado de los guiones, y los guionistas, a veces el propio escritor, saben que su misión es conservar la esencia de lo novelado, podar el árbol sin dañar las ramas principales durante el trasplante, durante la recreación.

Más complejas, más dignas de alabar aún, son las recreaciones de estos artistas narrativos cuando, a diferencia del caso anterior, no hay árbol con ramas ni hojas, solo las firmes y originales raíces de una idea apenas esbozada en un relato muy corto que deben nutrir con más ingenio hasta obtener un árbol fílmico.

Esta película de Jonnathan Demme está basada en la novela de título homónimo de Thomas Harris, una afortunada secuela de El dragón rojo, por él escrita siete años antes y también llevada al cine con posterioridad, tras el éxito de El silencio de los corderos.

No es precisamente frecuente que una secuela supere en calidad a su progenitora, pero en toda regla hay excepciones: excepcionales las tendencias alimenticias y las costumbres sibaritas de este brillante psiquiatra ido, asesino y caníbal, el Hannibal Lecter interpretado por el genial Anthony Hopkins, oscarizado como actor principal en la actuación más corta de la historia del cine norteamericano (apenas 17 minutos, pero qué actuación, Sir, de nuevo me quito el sombrero que no tengo ante tu interpretación).

Si alguien desea ver el tráiler, que no se acerque mucho a la pantalla: nada más peligroso que un perturbado muy inteligente (aunque de cuando ayude a detener a otros psicópatas).

El silencio de los corderos

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