Revista Talentos

La crianza con respeto por estos rumbos

Publicado el 01 septiembre 2016 por Sylvia
La crianza con respeto es vista como algo tonto o cuando menos ineficaz en esta parte del mundo. Hay que entender que las personas mayores no se respetan entre sí, tampoco.
El azoro y/o desprecio que produce este modo de pensar la crianza y la educación, surge de varias premisas.
La primera es la supuesta necesidad de gritar, golpear o castigar de algún modo a los niños, para que aprendan. Es una cuestión cultural más arraigada que el amor por el picante y el fervor por la virgen de Guadalupe. "A los hijos hay que gritonearles a veces", me dijo una mamá de dos buenos muchachos. Los hijos son como la masa para hacer pan, a la que hay que dar sus golpecitos, me dijo una amiga esta semana. 
Siempre defiendo que las personas crían y educan como pueden con los recursos que tienen; ya es suficientemente difícil como para enjuiciarles cuando no hay mala intención en sus actos. Pero existen otros recursos; por cierto, más efectivos cuando lo que se pretende no es adiestrar ni someter. Me asombra el poco interés por conocerlos. 
Además de los desinteresados están los "completamente seguros", algunos de los cuales, predican la necesidad de la "mano dura". Lo peor planteado entre sus dichos, es eso de que las generaciones que tuvieron suficientes nalgadas o chanclazos, sí están bien educadas... y "sin traumas". ¿Lo pueden decir en serio? ¿Ya vieron a su alrededor? ¿Alguna vez leen las noticias? Porque yo veo un montón de personas, para empezar, "mal educadas" en el sentido tradicional; pero lo más importante: veo a muchas, pero muchas personas con problemas de autoestima, con un criterio pobre, con discapacidades intelectuales adquiridas y/o que sencillamente "se portan mal". Se "portan mal" con sus familias, con sus compañeros, en el trabajo y en la calle. ¿De qué buenos resultados están hablando?
Suelen hablar de su propia experiencia. A ellos les gritaban, castigaban o pegaban, o bien, ellos lo hicieron con sus hijos. Sobre esto, hay dos cosas que me parecen tan claras, que me extraña que no sean evidentes. Primero: lo que convirtió a todas esas "personas de bien" en "personas de bien", no fueron los gritos o las nalgadas: fueron los límites establecidos con esos recursos -y no está de más repetir: hay otros recursos-. Luego: es enorme la resistencia a aceptar que algo que "hicieron conmigo" o que "yo hice", no fue lo mejor.
Recuerdo a mi abuela diciéndome que tenía que destetar a cada hijo cuando estaba embarazada del siguiente, porque ni modo que le diera a dos al mismo tiempo. Le dije que era posible amamantar a dos o más niños al mismo tiempo y me contestó "¡Ah! He estado equivocada toda la vida", con el tono que quiere decir: "sí, claro, tú crees que yo no sé nada y que hice todo mal cuando me dejé la vida en criar siete hijos: sieeeeteee. Se aprende en la escuela de la vida, para que lo sepas". Hace falta valentía y humildad para aceptar que efectivamente, hemos estado equivocados, a veces toda la vida. Nos resulta muy difícil porque estamos acostumbrados a que esa aceptación sea una puerta abierta para la culpa. 
Sin embargo, creo que la razón por la que peor se mira a la "crianza con respeto" es por su asociación con "la moda". ¡A cuánta gente he oído decir frases del tipo: ahora se les ocurre esto y mañana lo otro! Está de locos "tomar" todo lo que se le ocurre a todos, pero ¿por que se va a desechar algo, solo porque no ha estado ahí desde siempre y porque muchos lo creen? Otra rayita para el tigre es quiénes creen en esto. Parece que se trata de un asunto hippioso o snob. Por un lado, suponen que no gritar ni castigar es no poner límites. Aunque se les repita que no es así, no lo creerán porque no imaginan cómo poner límites sin gritos ni castigos. Por otro lado, suponen que es requisito vivir muy a gusto, sin problemas económicos, sin trabajar fuera de casa, con clases de yoga tres veces a la semana. Y no. 
Creo que se estereotipa a las mamás y papás que creemos en la crianza con respeto, como flotando dentro de una esfera de armonía, en un nivel superior de evolución. En mi caso y en el del papá de B, nada más lejano de la realidad. Hice un compromiso con este modo de crianza, porque si fuera por mis inclinaciones, a la chingada el respeto la segunda vez que avienta la comida de la charola. Cuesta trabajo. Toda la cultura va en otra dirección. Habrá dedos señalándote porque si no educas como los demás, parece que no estás educando. Hay dudas, también. Y la vida está encima. Nosotros hemos trazado estrategias y vamos creando tácticas para cada cosa que hay que modelar o corregir; pero tal vez llegue el momento en que sintamos que hay que cortar de tajo una conducta en ese preciso momento y no sepamos como hacer sino como siempre se ha hecho. Ya se verá... 
Hasta ahora, con compromiso, con estrategias, con tácticas, tenemos buenos resultados en unas cosas, vamos por un camino empedrado en otras, y también: fallamos. Yo grito feo, desbordada por el coraje, cuando me muerde. La diferencia con otras posturas es que lo considero un fallo (no el grito de dolor, sino los gritos de coraje con mueca y algo de vómito verbal). Me disculpo y me modero. Sé que seguiré fallando, pero no lo vivo como si estuviera "haciéndolo mal"; lo vivo como un camino no solo hacia ser la mamá que quiero ser, sino hacia ser la persona que quiero ser: la persona en cuya mirada se ve mi hija.
Silvia Parque

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