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La normalización LGBT+ en la literatura

Publicado el 17 enero 2018 por Kassius9

La normalización LGBT+ en la literatura

Me llamaron maricón, mariquita (sí, todo muy original) y, sinceramente, no recuerdo cuántas mierdas más me echaron. Claro que, a pesar de todo, yo también tenía mis momentos y mariconeaba por gusto, porque me divertía y me lo pasaba bien, sin más. Aún sin ser muy consciente de lo que hacía, tenía muy claro que era algo normal, una broma más de las tantas que hacía junto a otras travesuras y a saber qué otras historias realizaba por aquel entonces. Un día me disfracé de putón verbenero y salí de casa con esas pintas dispuesto a ganar un concurso en el colegio. No gané, tampoco quedé finalista, pero me reí tanto que, por eso mismo, lo recuerdo y ahora te lo cuento. Por supuesto que hay más anécdotas que no vienen a cuento, es privado y forman parte de mi infancia. Mi madre tiene esas fotos y en su mente conserva esos ratitos en la que eramos felices, como ahora. Nada ha cambiado, salvo la edad y las canas que predominan en mi barba.

De la infancia a la pubertad. Más historias, más de lo mismo. Mismas intenciones, mismas mariconadas. Bromas que se repetían con variaciones y derivaciones de otras tantas que me gustaba retomar solo por goce y disfrute, por la cálida sensación de reír y pasarlo bien.

Hasta que llega alguien y su opinión tira por tierra toda tu entereza y estabilidad, rompiendo tus muros, invadiendo y enajenando lo que era tuyo, con el único argumento de que lo tuyo no es normal, sino de nenas. Lo dije alto y claro un día en una clase de educación física: «No me gusta el fútbol, prefiero jugar a voley, con las chicas» , y todos hacían muecas, risitas, claro que también los había que no decían nada.

Mi vida siempre ha sido así, unas veces plenamente consciente de lo que hacía y decía, y otras veces, ignorando mis pensamientos, dedicándome a vivir, a reír y a gastar bromas.

Un día me pregunté: ¿Y qué, si me gustan los chicos? He salido con chicos y con chicas, porque antes de crujirme el cráneo con las estúpidas dudas de la sexualidad, decidí darle la espalda a la nube de interrogantes y probar de todo, como en un buffet libre, echando en el plato lo que me apetecía. ¿Y qué? Volví a preguntar a los que me miraban con desdén cuando me veían comiéndole los morros a las personas de distinto género con las que salía. «Si no te gusta, no mires. Lo mío es más normal que tu homofobia», pensaba, mientras les miraba desafiante y provocador a esos ojos intolerantes.

La normalización LGBT+ en la literaturaIlustración cedida por Davidlie Poulain Art (David Pallás Gozalo)

Hoy os lo cuento con naturalidad, con normalidad, porque estas historias son así y siempre lo serán. Es por eso que cuando una tarde me senté a escribir la que iba a ser la novela de mi vida, quise enfocarla hacia la comunidad LGBT+, porque, entre otras cosas, me aburren las historias de chico-chica. Me ponen las historias en las que me siento reflejado cuando dos chicos se conocen y se quieren como yo quiero a mi marido, porque para mí, esa también es mi normalidad, otro punto de vista de una realidad que tiene tantas caras como un poliedro.

No, no es que me haya convertido en un activista ni en un defensor de los derechos humanos. No, en ese sentido, sino en otro con el que me siento más cómodo e identificado. Este año me he propuesto abrir una categoría nueva enfocada hacia la temática LGBT+ en la literatura. No es cuestión de modas. Nunca me ha interesado la moda, ni lo que está de moda ni tomar las mismas pildoras que se toman los demás con la única pretensión de ser lo más de lo más. Desde entonces, en todos mis relatos hay personajes con diversidad sexual. Al fin y al cabo, el mundo es así, con tantos matices que te cansas de contar. Nunca fue deliberado, nunca me dije que tenía que narrar historias donde las personas tenían que ser como yo porque no lo veía necesario. Sin embargo, y con el transcurso de los años, cambié de opinión al ver que este jodido planeta no es capaz de comprender que el amor existe en todas sus diversas formas y que está por encima de cualquier ley mezquina y homófoba.

Acabo de leer un post que Javier Ruescas ha publicado en su cuenta de Facebook que no tiene desperdicio puedes leerlo aquí, pero en pocas palabras, habla sobre los juicios de valor que la iglesia arroja sobre los lectores, y yo no podría estar más de acuerdo con él. No voy a profundizar en este terreno porque es perder el tiempo, prefiero explicar una vez más por qué son necesarios los personajes homosexuales, transexuales, bisexuales, en la literatura. Aunque ahora creo que ya está más que dicho, la razón es bastante obvia. Y me remito de nuevo al post de Javier Ruescas.

En mis novelas, relatos, lo que sea que escriba, incluyo personajes muy diversos para representar, en cierto modo, a la comunidad LGBT+ porque me gustaría que algún día recibir un mensaje de un lector diciendo que gracias a Santi o Damián —personajes de mis novelas—, se ha sentido identificado y ha llegado a comprender que no tiene por qué sentirse mal por ser quien es, eso sería muy gratificante. Pero repito lo que he dicho antes, me aburre describir solo personajes heterosexuales.

La diversidad sexual, no es ni será nunca un mal para los jóvenes, tampoco es una enfermedad contagiosa que se pueda curar. Eso está claro. Y no por leer un libro donde protagonistas del mismo sexo se enamoren o, simplemente, tengan relaciones sexuales, va a influir y/o modificar tu propia sexualidad. De hecho, es cierto que la lectura que contemple personajes LGBT+ tendrá un efecto muy positivo: el de eliminar la homofobia a través de la literatura. 

Antes de despedirme, quiero agradecer a Davidlie Poulain Art (David Pallás Gozalo) por la fantástica ilustración que ha cedido para este artículo. Si quieres más información solo tienes que pinchar en el siguiente enlace donde podrás ver sus trabajos.

Besos y abrazos a repartir


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