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“Los putos tenemos antepasados, ustedes no”, dijo. “Usted...

Publicado el 20 junio 2011 por Leonelg

“Los putos tenemos antepasados, ustedes no”, dijo. “Usted...“Los putos tenemos antepasados, ustedes no”, dijo. “Ustedes son los gays”, dijo, “y valor para afrontar lo que vendrá como incierto y no como un privilegio superlativo de lo que se consiguió en lo democrático de las cualidades de las llamadas igualdades humanas le falta al gay para llegar a ser puto. Lo de llegar es un decir, nadie llega sin rivales ni premisas, y los putos se están muriendo a decir verdad. ´Pasto quemado´ le dice un amigo que ya no está. Quizás nunca un gay dude de esta limitación y por tal jamás llegue a ser puto ya que, atrás suyo, lo que convence a su existencia no es auténticamente humano. Nada lo describe mejor como la palabra “intérprete”. Los gays son intérpretes de fuegos, pero no saben arden. Lo hacen al pedo, respetando siempre la complejidad supuesta de todo aquello que hay entre lo que la medicina, una vez, hace mucho, partió en dos. Demasiada cocaína tomó Freud. Glorioso sería que algún tipo de inesperado radio de desilusión reviviese todo aquello que vivió el puto antes de ser gay pero ahora, en el cuerpo gay, en la morada oscura de la igualdad. De ese modo, las niñeras de la cultura emprenderían un inefable desvalor, recularían como quien dice, aceptarían el beneplácito de lo anal, dejarían de romper las pelotas con las virtudes del bien, ya no sabrían qué hacer con tanto bien en realidad, se quedarían con sus muletas sin gracia y sin esencia, olerían a Bombay, a San Telmo, al calzoncillo de Aníbal Fernández, y lo que se entiende por mujer sería otra cosa, la miseria no sería vejez, ni el cambio una oferta, la soledad sería un sublime reconocimiento de la fe en uno mismo, perecerían sin regocijo las niñeras, los dedos acusadores ya no serían mensajes, se podría imaginar lo semejante, y todo aquello que aún no ha sido creado se llamaría ´belleza´”. Algo más dijo pero la música estaba muy fuerte en el boliche como para seguir escuchándolo. “Usted nunca podrá conocerme”, le dije. Y me fui a bailar. Sonaba Thalía.

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