Revista Diario

Positivo, negativo

Publicado el 25 octubre 2012 por Artpalavicini

Positivo, negativoEstas situaciones siempre se ven más fáciles desde afuera. Uno jamás espera encontrarse en medio de ellas. Es un hecho que resultan un excelente ejercicio de memoria pero junto con este esfuerzo de recordar se te escurre la vida entre las manos. Literalmente, me están sudando como nunca antes.
Ya me hartó el tipo que está atrás de mi arreglando la máquina de café. La gente es increíble, lo están viendo trabajar, la máquina está abierta y van cinco veces, contando a la gorda de la blusa verde, que preguntan: ¿Está funcionando la máquina? Increíble.
Las enfermeras van y vienen con una cara que no denota nada. ¿Están preocupadas? ¿Enojadas? ¿Tristes? No seas estúpido Alberto, eso es lo que sienten los pacientes no las enfermeras. Para ellas todo esto es un trabajo. Un trabajo tan sensible como lo puede ser arreglar una tubería o destapar una coladera. Un plomero no siente emoción al encontrar el mojón que tapaba una cañería ¿o sí? No es verdad, ellos también sienten emoción por algo así. Al final, es su trabajo, ¿no? Deben sentir orgullo por hacerlo bien.
Ahí viene una enfermera. ¿Traerá los resultados de mi estudio? Ay Alberto, no es un restaurante. Aquí no te traen a la mesa (o a la banca) lo que ordenaste. Seguramente me van a llamar en cuanto esté el resultado.
No se puede fumar aquí carajo. Sigo con la disyuntiva: ¿salgo a fumar o espero a que me llamen? No, mejor espero. ¿Cuánto más puede tardar esto? Bueno, hace cuarenta y cinco minutos dije lo mismo y ahora sí me muero por un cigarro. Voy a esperar otro poco. Fumar ahora o cuando me den el resultado no va a cambiar nada. Mejor espero aquí. Pero espero tranquilo. En realidad no tendría porque estar tan ansioso. Mónica es un amor de mujer. La primera vez que lo hicimos, ella fue la que me dijo del condón. Imbécil. Me sentí tan, no sé, tan…cavernícola. Como un animal que solamente quería coger. Y desde cierto punto de vista era cierto, quería cogérmela pero no solamente por el sexo. Mónica es mi diosa. Es un ángel. El sexo con ella no es más que la culminación física de lo que sentimos el uno por el otro. ¿Por qué me preocupo tanto entonces? Bueno, Mónica no era virgen cuando nos acostamos la primera vez. Además después de esa primera vez hubo muchas ocasiones en que no me puse el condón, o por lo menos no desde el principio. ¡Puta madre! Pinche Mónica. Antes de mí anduvo con el naco ese de Paco. Ese cabrón no se ha cogido a su mamá porque es huérfano desde los cinco años, pero sabe Dios en dónde la ha metido ya. Me lleva la mierda, me  cogí a Mónica y, de paso, a todas las zorras que se tiró Paco. Ahora sí ponte nervioso idiota.
¿Creció la sala de espera? Juro que se ve más grande ahora. Debe ser que me siento insignificante en este momento. A merced de un pendejo virus que me pegó el imbécil ese… ¿o Anita? ¡Anita! Tantas veces negué que hubiera pasado algo con Ana que terminé creyéndomelo pero es verdad. Ahí también te metiste, Alberto estúpido, inconsciente, calienta viejas. Y tampoco era virgen y , esa vez también lo hiciste sin gorro para terminar de cagarla.
Me está costando trabajo respirar. Son los nervios. Los nervios y el verdadero motivo por el que estoy aquí. ¿A quién quiero engañar? No es Ana, ni Mónica, ni siquiera Paco, es tu borrachera infantil, con ese pretexto ridículo de cumplir treinta años y de que la juventud se te iba. Pudiste haber dicho que no. No a la borrachera, o no al table o, ya de perdida, no a la puta que te dispararon Ramón y Omar. Pero cómo podías decir que no a la güera con las tetas monumentales ¿verdad? Eres un estúpido, cobarde pero en este momento, tienes que ser un estúpido tranquilo y relajado. Pórtate como hombrecito. No puedes tener tan mala suerte. No seas pesimista.
No te metes drogas, no eres puto, hasta pagas impuestos. Además el condón se rompió adentro de la güera y estuviste ahí, expuesto, unos segundos. Quizá menos. Respira profundo y piensa positivo. Concéntrate en otra cosa mientras esperas.
Quiero un cigarro. No, mejor sigo esperando. Aquí viene otra enfermera. No me lo estoy imaginando, viene directo a mi y trae un montón de papeles. Seguro ahí está el resultado de mi estudio. Ahora quiero orinar. Aguanta la respiración estos últimos pasos, hasta que llegue a ti y te dé el papel. ¿A dónde va y por qué sonríe tanto? Me pasó de largo. ¡Puta madre, es la máquina del café! Ahora, que ya funciona, todos actúan como si hubiera llegado la virgen María. Virgen. Así debí haberme quedado. Jalármela no era tan malo. Me sé mover bien. Bueno, al menos a mí me gusta como me muevo.
No aguanto más, voy a echarme un cigarro. No, mejor dos. Quién sabe cuánto más voy a tener que esperar.
La enfermera dijo: “señor Arizpe”, ¿verdad? ¡Corre Alberto, fumas luego, ahí está el resultado!
La enfermera está sonriendo, deben ser buenas noticias, nadie te dice: “Señor Arizpe, es un placer informarle que se lo está llevando la chingada”. ¡Qué alegría Dios mío!

Esta mujer alcanzándome los resultados se ve tan hermosa. Qué bonitos ojos tiene esta enfermera, por el amor de Cristo. Antes de abrir los resultados, ¡mira nada más que nalgas, Alberto! Míralas nada más.


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