Revista Diario

Velos y prohibiciones

Publicado el 15 marzo 2017 por Karmenjt

“La justicia europea avala que las empresas prohíban el velo en el trabajo”

Este titular aparecía hoy en todos los medios, parece que la Justicia Europea ha decidido que las compañías europeas pueden limitar la exhibición de símbolos religiosos o políticos (aunque esto no se diga en el titular) en sus códigos de funcionamiento interno, dejando a la justicia de cada país la interpretación de cuando dicha prohibición puede constituir una discriminación por motivos de religión o convicciones.

Y se ha abierto el debate, por una parte, de los que consideran que el velo es un método de opresión a las mujeres y habría que prohibirlo siempre no solo en los trabajos y por otro los que defienden la libertad religiosa y por tanto habría que respetar la costumbre de las mujeres musulmanas en cualquier ámbito, pasando por los que solo lo ven como una externalización del fundamentalismo islámico y el terrorismo, sin término medio.

A mí no me gustan las prohibiciones, punto uno, ni los paternalismos, punto dos. Y esto lo digo por los que en nombre de una supuesta liberación de la mujer en el mundo árabe abogan por la prohibición del velo, ya que dan por supuesto que todas las mujeres que lo llevan lo hacen desde el sometimiento y la obediencia al hombre, y sí, algunas o muchas habrá, pero también hay musulmanas feministas que lo llevan con la misma naturalidad que muchas occidentales llevan tacones, sujetadores push-up o pantalones súper skinny por poner ejemplos de prendas incómodas que nos ponemos de motu propio bajo los dictados de la moda (la gran religión occidental).

Entiendo que hay muchos trabajos en los que hay que guardar determinado código de vestimenta, o bien porque es obligatorio el uso de uniforme o porque hay que cumplir ciertas reglas mínimas en el vestir, pero no veo en que impide ejercer profesionalmente un trabajo lo que lleves puesto en la cabeza, a menos que sea un casco que no deje verte la cara. Este tipo de prohibiciones que suelen darse desde el eurocentrismo y hacía los de afuera siguen siendo producto del prejuicio racial y religioso, y ahora también desde el miedo. El mismo miedo que hace que avance la ultra derecha islamófoba en gran parte de Europa, la que identifica islam con terrorismo.

Me encanta viajar, conocer otros paisajes, otras culturas, otros rostros, y recuerdo que cuando tenía veinte años y viajé por primera vez a París y Londres una de las cosas que más me gustaron fue su multiculturalidad, gente de todo tipo y color llenaban las calles, y pensé que sería genial que eso mismo pasase en España que me parecía un lugar monocromo y provinciano. Este año volví a Londres después de muchos años y me siguió fascinando esa mezcla de razas y religiones. Ir avanzando por el aeropuerto, hacía el control de pasaportes y ver funcionarios de uniforme con un turbante sij y barba afilada, mujeres atendiendo al público con velo cubriéndoles el pelo, un chófer negro con enormes rastas esperando a un cliente sosteniendo un cartel…

Lo que importa es la persona, no lo que lleve puesto. Si te atiende un hombre con kipá o sombrero y tirabuzones al modo ortodoxo judío no debería molestarte a menos que seas antisemita, o si lleva velo o turbante tampoco, a menos que tengas prejuicios racistas.

Debemos dejar de mirar desde nuestra óptica blanca, europea y occidental y no juzgar extraño, exótico, radical o peligroso todo aquello que es diferente a nosotros. No me gusta la palabra integración, tiene la connotación de la pérdida de la propia identidad cultural, prefiero tolerancia y diversidad.

Por supuesto, dentro de la categoría de velo no incluyo el burka o niquab que me parecen más un instrumento de tortura que un complemento religioso o estético.

Para los que no sepan, aquí hay un dibujo con los distintos tipos de velo (y seguro que no están todos)

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