Magazine

Ya va siendo hora de cambiar de hábitos [I]

Publicado el 24 octubre 2013 por Ecohabitatge

Hemos vuelto después de un tiempo sin publicar con ganas de seguir aportando ideas. Ecohabitatge nació hace ya un tiempo en nuestras mentes de arquitectas con un objetivo muy claro, siempre enfocado hacia nuestra profesión, pero con el tiempo nos hemos dado cuenta que para ayudar a generar un cambio de conciencia y de maneras de trabajar y proceder, no podíamos quedarnos sólo en nuestro campo y debíamos ayudarnos y ayudar a poner un poquito de luz en otros temas referentes a la sostenibilidad que aunque no estén directamente relacionados con la arquitectura, también son importantes para nuestra vida diaria.

A medida que nos vamos informando y formando sobre estos temas que tanto nos gustan y nos interesan, nos hemos dado cuenta que el conocimiento sobre la amenaza de nuestra conducta sobre el medioambiente parece aumentar a gran velocidad, sin embargo a medida que vamos siendo consciente del efecto de nuestra actividad sobre el planeta, no ocurre lo mismo con las propuestas o soluciones que necesitamos encontrar para enfrentar esta amenaza.

Los avances tecnológicos en materia medioambiental y la conciencia global están creciendo día a día, intentando anticipar de alguna forma los efectos negativos pero estos intentos siguen sin ser suficientes para salvaguardar nuestro medio natural en buen estado de salud, seguimos siendo un poco vagos por no decir cómodos y poco activos.

Pero a pesar de no saber realmente cuánto bien estamos haciendo por la causa ecologista -aclaramos que no nos consideramos activistas, sino ayudamos a divulgar la causa- , creemos que ésto no debería ser una razón para desalentarnos a tomar medidas y decisiones al respecto, ya sea en nuestra profesión como arquitectos o en nuestra vida diaria. No podemos esperar a tener una justificación científica o a que una normativa nos obligue a la toma de decisiones, sino que debemos actuar con conciencia y anticipación. Nosotras pensamos que la decisión personal de contribuir a no empobrecer más la calidad de nuestro entorno tiene que ver más con nuestra conciencia, como cuando decidimos ponernos mano a la obra con el reciclaje en casa por ejemplo o elegimos la bici o ir andando en lugar de coger el coche, son pequeños pasos que tal vez nos cuesten si lo miramos desde el punto de vista de la comodidad, pero que son necesarios para aportar nuestro granito de arena.

Desde un punto de vista más global y menos doméstico, ya hace varios años que se intenta poner dimensión al problema de la contaminación y el deterioro de nuestro entorno natural, algo que nos ayude a imaginarnos o ponerle magnitud a un problema que en principio puede parecer imperceptible pero cuyas consecuencias sufrimos a diario, por ejemplo a través del cambio climático, que ya no es una loca teoría sino una realidad. En este sentido, uno de los primeros intentos serios por conocer el efecto de la actividad humana sobre el medio ambiente fue el desarrollo del concepto de “huella ecológica” (HE), un indicador de sostenibilidad desarrollado a principios de los 90 por William Rees y Mathis Wackernagel, diseñado como una herramienta de planificación que nos permite saber la magnitud del consumo de recursos que excede la capacidad de regeneración de los mismos. Textualmente, la HE es definida como

“la superficie de tierra productiva o ecosistema acuático necesario para mantener el consumo de recursos y energía, así como para absorber los residuos producidos por una determinada población humana o economía”.

Por lo tanto, una población que tiene una huella superior a la superficie disponible para mantener su consumo de recursos o absorber los residuos generados, es una población insostenible y por lo tanto posee un déficit ecológico a grandes rasgos, aunque en realidad es un poco más complicado.

El cálculo teórico de la huella ecológica es complejo e intervienen muchos factores, pero simplificando bastante, podemos extrapolar esta definición a una escala más pequeña y sacar una conclusión muy simple y rápida: nuestra huella ecológica depende directamente de nuestro estilo de vida y de nuestro comportamiento como consumidores.

Como sociedad consumista que somos, y considerando claramente que nuestro consumo es independiente de si vivimos en un país desarrollado o no, la situación actual en la que nos encontramos está claramente por encima de nuestras capacidades o mejor de dicho de la capacidad de nuestro medio natural para regenerarse y sobre todo de absorber los residuos generados por nuestra actividad productiva. Esta situación en la que nos encontramos y a la que muchos se niegan a aceptar, no puede ser sostenida indefinidamente en el tiempo y no digamos ya a largo plazo: más bien en unos pocos años terminaremos por consumir muchos de los recursos naturales que hoy damos por sentado.

La huella ecológica ha alcanzado una popularidad notable, tanto dentro de la comunidad científica, como entre instituciones y consumidores, y muchas veces utilizada como elemento de marketing por parte de empresas o corporaciones, dada la buena reputación que adquieren éstas al mostrarse como respetuosas con el medio ambiente. Sin embargo, es difícil que un único indicador recoja eficientemente todos los aspectos relacionados con la sostenibilidad ecológica y para mejorar su utilidad y dada la complejidad de su aplicación en la práctica, creemos que debería ser empleado  junto con otros indicadores que proporcionen información adicional.

Entre algunas de las críticas con las que nos hemos encontrado y que creemos son muy significativas se encuentra la exclusión de algunas cuestiones que tienen un impacto ecológico notable, como el consumo de agua y algunos tipos de contaminación. La metodología empleada para cuantificar el impacto del consumo de energía está exclusivamente centrada en el CO2, sin considerar otros gases de efecto invernadero o altamente tóxicos y contaminantes, mientras que considera un único modo de compensar las emisiones: la capacidad de absorción de los bosques.

Esta claro que el concepto tiene algunas limitaciones, recordemos que fue ideado a comienzos de los 90, cuando el problema de sobrecalentamiento global recién comenzaba a ser una creciente preocupación global. Para que nos demos una idea, en 1994 entra en vigor La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático nacido en el marco de esta convención es de 1997, aunque recién entró en vigor en 2005.

Además de ser un concepto relativamente nuevo para el grueso de la gente y que su aplicación es más que compleja, pensamos si no sería lógico intentar aplicar algún tipo de etiquetado o clasificación que nos ayude a la hora de elegir un producto o servicio, al igual que hoy en día sabemos la clasificación energética de nuestras viviendas o electrodomésticos. Debería existir a día de hoy esta herramienta en cada producto de consumo.

Ya nos imaginamos por simple lógica que si un producto fue fabricado en un país extranjero, como por ejemplo China, el sólo hecho de tener que distribuirlo globalmente lleva implícita la aportación de una cantidad notable de CO2 a la atmósfera, al menos hasta que no contemos con medios de transporte que utilicen energías limpias. Pero hay otros tantísimos factores que implican un consumo de energía y de generación de contaminación en la vida de los productos y servicios de consumo que sería imposible de cuantificar, por eso algo parecido a una etiqueta ecológico o indicador de la huella de carbono se convierte hoy en un elemento importantísimo para el ciudadano de a pie.

Para nuestro primer post después de mucho tiempo sin escribir, creíamos que era importante volver a las bases y recordarnos y ayudaros a recordar por qué es importante cambiar nuestro forma de vivir en relación al mundo que nos rodea. Esperamos haberos ayudado a dar un pasito más hacia ese cambio y prometemos seguir trabajando en este sentido. Y si os interesa saber cuál es vuestra huella de carbono, os dejamos esta web…http://calcula.mihuella.cl/

Esta es la primera parte del post dedicada a la conciencia global sobre el medioambiente e intentar mostrar de qué manera puede afectar directamente nuestro comportamiento como consumidores al deterioro de nuestro planeta. Esperamos que en el siguiente post podamos enfocarnos hacia una visión más relacionada con nuestra profesión.

Como siempre, os alentamos a colaborar, participar y dar ideas.

Lecturas:

http://www20.gencat.cat/docs/habitatge/Home/Secretaria%20dhabitatge/Publicacions/34%20Kg%20de%20CO2/doc/34_Kg_CO2.pdf

Etiquetas: ahorro energético, arquitectura, arquitectura sostenible, cambio climático, conciencia ecológica, consumo energía, ecología, etiqueta energética, gases de efecto invernadero, huella de carbono, huella ecológica, Mathis Wackernagel, reciclaje, sostenibilidad, tipos de contaminación, toma de decisiones

Volver a la Portada de Logo Paperblog