静かに (1)

Publicado el 15 septiembre 2015 por Evamric2012

En mi pelo
nacen flores,
de tu almendro.

En nuestras bocas
brota,
la dulzura
del cerezo.

Y es que qué bueno sería, oye, que sólo de pan y de escritura viviera el hombre, la mujer, el niño y el apóstol, el cabrero, el miserable, el zafio y el mediocre, el necio y el solemne, y de borrones y cuentas nuevas, o de tachones horizontales, viviendo el amor como toca, a lo vertical (por lo de la comodidad, digo, que el amor es muy suyo eh?, pero va y nos toca como le nace, como le da la gana) que a lo horizontal también tiene su aquel, (y qué aquel, ya te digo ;) ), y que no, que no me debes agradecer nada como reprochármelo tampoco, que un día estamos aquí, y al siguiente quién sabrá dónde, y que traquilo/a/s, que s uelo escuchar menos que observar, suelo aprender mucho más mirando a los seres vivir que escuchándolos contar sus experiencias. Que la vida está allí fuera, (que siempre lo dije, y es mero juego) late y muere en camas de hospital en el mismo preciso instante.

Personalmente escribo cuando no me queda otra opción.

Y sí, es entonces cuando escribo... te escribo, nos escribimos, como lo hacemos aquí y ahora. En el silencio ensordecedor de nuestros cuadernos tapizados ora de vida, ora de gris, ora de conservar lo poco que queda de nuestra frágil y aletargada memoria, ora de decirles a los que nos aman como a los que nos odian o nos envidian que sí, que seguimos vivos, pero viviendo, y que la vida está allí afuera.