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Publicado el 20 julio 2013 por Marea
Habían sido dos ángeles terrestres,
que abrazad@s eran como un símbolo.
Una tempestuosa escultura de alambres de púa,
una disociación metafórica de un eclipse desfasado.
En medio de ellos, y su abrazo,
no pasaba nada más que la calma
de una agonía lenta
y soberana.
Se acunaban en sus ropas,
se mecían en sus sombras,
nada de lo que ell@s eran sobraba.
Se mordían, se besaban,
se clavaban uno en el otro,
se grababan recíprocamente
a conciencia
las hilachas del alma.
Eran el verano eterno,
y la tortura del calor en el cuerpo,
eran uno sin el otro,
simplemente nada.