
como un ruiseñor enamorado.
Y es que quería que mi voz te llegara
y encantara,que formara parte en tus oídos
de unas olas de vals que te envolvieran
y te llevaran a ese baile, en el lago,
de mis sueños.
Corrí los visillos del otoño
y pasé de puntillaspor la sala gris del invierno.
Busqué la primavera lejana
con mis ojos temblorososy la coloqué a tu lado,
bajo el manto de los sueños.
Afuera llovía
y las gotas, con su llanto,dejaban una dulce melodía
que trepaba, como una yedra infantil,
hasta tu alma.
Yo te miraba y te hablaba, en el silencio,
te contaba relatos y cuentosque había leído,
y otros que me inventaba,
mientras buscaba tu sonrisa.
Pero tú, adormecida en mis murmullos,
simplemente descansabas.Yo imaginaba que estabas
sintiendo mis palabras,que ellas eran, como una brisa templada
que buscaba la caricia que llenaba tu alma,
la llama parpadeante
que cerraba tus pupilas,
y quizás, también,
la sonrisa de la luna
al posarse en tus labios.
Pero recuerdo que lanzaste un suspiro
y que luego pude rescatarunas palabras que susurraste
al silencio de la noche.
Entonces la voz que te hablaba
y te contaba aquellas cosasse quebró en la garganta
y sencillamente te miré,
besé tu frente
y recogí aquel instante
en mis recuerdos,
para llevarlos conmigo,
hasta mis sueños.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/02/20