(502) el científico que debería ser famoso y que muy pocos conocen

Publicado el 17 septiembre 2012 por Alfredomilano
Tom de Castella

BBC

Mucha gente no sabe quién es Nikola Tesla.

Es menos famoso que Einstein. Menos conocido aún que Leonardo. De más está decir, menos que Stephen Hawking.

Y, todavía más irritante para sus admiradores, considerablemente menos famoso que su archienemigo Thomas Edison.

Sin embargo, su trabajo sirvió para que el dispositivo que usted está usando para leer este artículo esté encendido.

El motor de inducción que inventó -y que funciona con corriente alterna- fue un paso crucial para el desarrollo de los sistemas eléctricos modernos.

Mark Twain, amigo de Tesla, describió su invento como "la patente más valiosa desde la aparición del teléfono".

Tesla estaba del lado de los ganadores en la "Guerra de las corrientes" -como se llamó a la batalla entre George Westinghouse y Thomas Edison, por ver qué tipo de corriente se emplearía para la trasmisión eléctrica.

De un lado estaban los defensores de la corriente alterna (CA), incluido Tesla, y por otro los de la corriente continua o directa (CC), con Edison a la cabeza.

Pero, en términos de posteridad, el tiempo no fue bueno con Tesla.

Amor aviar

Nacido en lo que hoy es Croacia, de padres serbios, se mudó a Nueva York en 1884. Allí desarrolló vehículos a control remoto, tecnología inalámbrica y la primera planta hidroeléctrica en las cataratas del Niágara, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá.

Tesla era un excéntrico. Creía que el celibato estimulaba el cerebro, que había establecido contacto con extraterrestres y dicen que se enamoró de una paloma.

En décadas recientes su nombre pasó relativamente al olvido, mientras que Edison quedó como uno de los inventores más grandes de la historia.

Son sus admiradores -legiones de historiadores de la ciencia y amantes de la informática- los únicos que se encargan de mantener vivo su legado.

En la actualidad hay en marcha un proyecto para transformar su antiguo laboratorio en un museo, con fondos recolectados por sus seguidores.

Gracias al sitio en internet The Oatmeal, sus defensores lograron juntar más de los US$850.000 que se habían propuesto. Esta suma será igualada con una contribución de las autoridades del estado de Nueva York.

También circulan rumores de una posible película sobre su vida, protagonizada por Christian Bale y dirigida por Mike Newell.

Matthew Inman, diseñador de The Oatmeal, considera que Tesla dio el puntapié inicial para que la humanidad viva una segunda revolución industrial.

Su gran logro, dice, fue su trabajo con los sistemas para la corriente alterna.

Métodos dudosos

La corriente directa de Edison funcionaba bien en los bombillos de luz pero no servía para trasmitir electricidad a larga distancia.

La CA fue respaldada por la Westinghouse Corporation. Su voltaje podía subirse y bajarse con facilidad y por esta razón era mucho más sencillo transportarla a grandes distancias a alto voltaje, usando una corriente más baja y, por ende, perdiendo menos energía en el camino.

El obstáculo para la Corriente Alterna eran los motores, pero Tesla diseñó un motor de inducción y un transformador para resolver el problema.

Eso es suficiente para justificar una admiración profunda, dice Inman.

Aunque Tesla no está muy presente en la cultura popular, la "Guerra de las Corrientes" se asemeja a una historia de ficción de Hollywood.

Edison trató de desacreditar la nueva tecnología, calificándola de peligrosa. Organizó electrocuciones públicas de animales -incluido un elefante- y financió secretamente el desarrollo de la primera silla eléctrica que, según él, mostraba los peligros de la CA.

La campaña publicitaria no fue suficiente para opacar las claras ventajas de la CA.

Los sistemas para transportar energía eléctrica a larga distancia y que trasmiten electricidad a 400 mil vatios, conforman uno de los legados más valiosos de Tesla.


Teoría vs práctica

Edison y él son dos tipos de genio muy diferentes, señala Marc Grenther, curador del Museo Henry Ford en Michigan.

A Tesla le gustaba conceptualizar y resolver las problemas en su cabeza. Se interesaba más por la idea en sí que por explotarla en términos prácticos.

Mientras que Edison se inclinaba por el potencial comercial de sus sistemas y los investigaba de forma práctica.

"Tesla era más cerebral, un habitante del mundo de la filosofía", señala Grenther. "Edison era más de experimentar con sus propias manos".

Pero si ambos eran científicos increíbles, ¿por qué la reputación de Edison creció y la de Tesla se fue desvaneciendo con el tiempo?

La forma en que recordamos a los científicos no siempre es justa, explica John Pendry, profesor de Física del Imperial College de Londres.

Joseph Swann, por ejemplo, inventó el bombillo en Newcastle, en el noreste de Inglaterra, al mismo tiempo que Edison en Nueva York, pero fue éste último el que se llevó el crédito.

No sólo hace falta tener ideas, en opinión de Will Stewart, de la Institución de Ingeniería y Tecnología, en Reino Unido. "Como ingeniero es importante entender qué resulta práctico".

Tesla fue brillante, pero dedicaba gran parte de su tiempo a perseguir una idea, como la transferencia de energía de forma inalámbrica- aunque pareciera imposible.

Edison, en cambio, tenía mucha facilidad para convencer a la gente y transformar sus ideas en productos.

Una banda y un cráter llamados Tesla

Por otra parte, añade Grether, hay algo vinculado a la intangibilidad asociado con Tesla.

El bombillo de Edison, los autos desarrollados por Ford, o los productos de IT de Bill Gates o Steve Jobs, son cosas que la gente puede ver y tocar.

Tesla tiene una unidad para medir el campo magnético que lleva su nombre. Es reconocido en Croacia y Serbia, donde hay un planta eléctrica llamada como él. Los aficionados a la tecnología lo adoran y hasta existe un banda de rock y un cráter en la Luna llamados Tesla.

Aunque su reputación no se iguale a la de Edison, lo cierto es que Tesla se ha convertido en una figura de culto.

Murió a los 86 años de una trombosis coronaria, endeudado y sin un centavo, en la suite 3327 del Hotel New Yorker.