
Cuando empecé en esto de los blogs, lo hice de la mano de Raúl Aritza, lo recuerdo como si fuera ayer, todo un caballero él, y con el grupo de los Insomniacos navegamos entonces por miles de páginas a través de la suya. Gracias, cosita... por todo aquel ayer, hoy, y mañana también.
Le mandé un correo ( a Raúl) porque vi que su blog era entonces el nº 1 de los blogs en España.
Yo no sabía lo que era un blog por aquellos tiempos, y a través de sus múltiples y sabios consejos, logramos en 2009 pasárnoslo fenomenal.
El primer blog que visité en mi vida, fue el de Geraldine, una superviviente argentina, a la que le encanta el fútbol y quien me dijo que ese no era su blog oficial, y recuerdo como si fuera hoy que mi primera comentarista fue una de las grandes mujeres y escritoras de la blogosfera por aquel entonces, amiga, confidente, y alguien en quien no he dejado de pensar: Zayadith Hernández.
Eramos tres gatitos cuando abrí mi blog, pero éramos de los grandes, y pronto se unirían a él grandes plumas: De Cenizas, Miguel Baquero, Manu Espada, Elena, mi nombre es Alma, Glup 2.0, Gemma, Nán, el manicomio de Toro Salvaje, Mar Solana, fotógrafos como Santiago, Xuan, Jan Puerta, amantes del cine como Raúl, Camille Stein, y Machuca entre otros, cantantes como Marga, y la lista sería larga, y perdonadme si he olvidado a más de uno, que sé que no he olvidado, pero que espero que vengáis a reprochármelo algún día, conociéndonos como nos conocemos.
Recuerdo también con gran cariño a Santi y su calle vacía, a Sue, a Sinuosa, Silencio, y como no, a Virgi.
Por motivos ajenos a mi razón, barrí el blog en 2010 y todo aquello desapareció y luego me fue imposible recuperarlo.
Pero de todos ellos no quiero hablaros hoy, sino de ella:
No os colocaré su link, sé que ella y yo pasamos de que nos leáis/lean. Tenemos un ombligo más grande que una plaza de toros.
Sabemos ambas que lo que escribimos lo llevamos dentro, que nuestra complicidad irá más allá de un pobre e insípido blog.
He deshojado su libro, que me llegó estando ausente, pero que devoré en una habitación de hospital, y que me ha conmovido por lo que ya sabía encontraría, y sé respecto a nuestra profesión.
Gracias mil y una vez, por contarte entre esas personas que han estado a mi lado en las buenas y en las peores, como diría nuestra Zayi... isleñas ambas, de piel y corazón.
Y es que, pese a lo que intenta tanta gente/uza en denigrarnos, los que amamos esta profesión (para quienes es un arte, un deleite, una aventura, el duende...) seguimos adelante cada día, y nos dejamos en ella cada soplo, cada latido, y nuestro corazón abierto de par en par. Somos más que profes... ¿eh?
Siempre lo dije y lo seguiré diciendo, me gusta lo que hago, la transmisión de mi poco o gran saber, pese a las zancadillas, a los decretos ley... ya sabéis de lo que os hablo a los que compartís conmigo gremio.
Detesto a mis colegas (excepto a mi tatuaje), la impostura administrativa actual, a todos aquellos que llegan ya y de buena mañana a las 8 oigo quejándose: "Estoy cansado"... "Estos estudiantes no son lo que eran" "Tengo sueño"... "Son unos maleducados"... " Estoy harto/a"...
Y es que personalmente, estos colegas, son los que me provocan una urticaria nerviosa, y me enferman.
Son con los que no converso.
Con los que no festejo ninguna fiesta de fin de curso.
Son los que me provocan arcadas... y de los que me bajo cada mañana, pidiendo a gritos una nueva revolución.
Salid de los pupitres, gritad, a mí es que ya me queda poco...
Pero espero que muchas Virginias os sigan impidiendo dormir, frente al sofá, y que las esperéis en la cuesta cada día aunque ya no estén ( su sombra es y será perenne):
¡¡ Qué llegan, qué llegan las maestras!!!
Esta profesión requiere dedicación, duende y maestría...
Me descubro el cráneo ante ti.
Por eso amo mi profesión, por gente como tú, por aquellas maestras que subían la cuesta, y que me enseñásteis a leer, a sumar sueños, a restarle paciencia a la vida, a dividir entre bancos y deshaucios, y a multiplicar panes y peces donde ni siquiera había mesas ni servilletas que colgarse al cuello ni con las que limpiarse la boca tras las injurias.
