Adiós, Thoai

Publicado el 30 abril 2011 por Amoreno
El motivo por el cual regresé a Vietnam durante mi viaje de Marzo por el sudeste asiático fue uno y sólo uno, Thoai.

He hablado de ella en varias ocasiones en mi blog, casi desde el principio, pero en realidad nunca llegué a explicar su historia. Sin embargo, ella es la clave principal para entender este blog y por qué razón el autor ha estado y estará siempre tan ligado a Vietnam.
Mi relación con Thoai empezó en Octubre de 2007. La conocí apenas dos semanas después de llegar a Vietnam y comenzar a trabajar en la Oficina Comercial de Ho Chi Minh City. Con motivo del Día de la Hispanidad se celebró una fiesta en el restaurante Pacharán a la que todos los residentes españoles estábamos invitados. Thoai acudió a la fiesta con su amiga Yen, que trabajaba en el restaurante. Ya desde el primer momento me cautivó sólo con su nombre, Huyền Thoại, que significa leyenda. Esa noche nos conocimos, bailamos y antes de despedirnos nos intercambiamos los teléfonos. Quedamos otro día para tomar un café y al cabo de unas semanas empezamos a salir. Entonces yo no hablaba nada de vietnamita, así que nos entendíamos medianamente en inglés. La comunicación al principio no era tan fácil como cabía esperar y a veces surgían malentendidos, no sólo por utilizar ambos una lengua que no nos era familiar, sino también por las diferencias culturales, que entre España y Vietnam son enormes. Pero yo me sentía entusiasmado y fascinado cada vez que quedaba con ella, Thoai era un libro por descifrar, un misterio por resolver, lo mismo que el país al que había llegado. Supuse que entenderla a ella me ayudaría a entender mejor Vietnam, lo que no imaginaba es que terminar amándola a ella significaría también terminar amando el país.

La relación funcionaba bastante bien desde el principio. Ella no vivía en Saigón (el distrito 1 de Ho Chi Minh City), sino en Cu Chi, a las afueras, pero nos veíamos todas las semanas. Me encantaba salir juntos a cenar,

Thoai me enseñaba todo sobre la la comida vietnamita, los platos típicos, las distintas salsas para mezclar la comida, la forma de preparar los rollos frescos con papel de arroz, incluso me enseñó a agarrar los palillos correctamente. Casi siempre era ella la que elegía el sitio y yo me dejaba llevar, desde los restaurantes locales de marisco y barbacoa, algunos con menú sólo en vietnamita, hasta los pequeños puestecillos de comida en la calle que nunca hubiera tenido la valentía de probar yendo sólo.

Después de cenar muchas veces salíamos de marcha con mis amigos o bien con los suyos. Gracias a ella descubrí cómo son las discotecas que frecuentan los locales y cómo disfrutan estos de la noche: la música a tope, la fruta con chili, las rondas de một, hai, ba... yo. Un ambiente muy distinto y muy curioso.

Durante esos primeros meses yo tenía claro que la nuestra era una relación con fecha de caducidad, y Thoai lo entendía y por tanto no había agobios. Pero entonces llegó el festival del Tết...

Y fue en ese preciso instante en el que Thoai colgó del árbol su deseo para el nuevo Año Lunar cuando yo supe lo que sentía y que llegado el momento de marcharme del país, renunciar a ella iba a ser muy doloroso. Pero aún quedaba medio año por delante...

Conforme pasaba más tiempo con ella más vietnamita aprendía y la comunicación se volvía más fluida entre los dos. Además del idioma, también me ayudó a entender las costumbres y los aspectos culturales de Vietnam, algo que sin duda ayudó a limar las diferencias. La relación se volvió más estable y Thoai empezó a ir y venir con menor frecuencia y a quedarse viviendo en mi casa algunos días por semana, una actividad que mi casero veía con cierta preocupación, por la ley de las parejas solteras en Vietnam.

Con el tiempo vinieron también los viajes juntos por Vietnam, como la escapada que hicimos a Mui Ne.

O el fin de semana que fuimos a Da Lat, la ciudad de los enamorados en Vietnam.



El tiempo pasó volando y se cumplió mi año en Vietnam. El último mes vivimos la relación con algo de incertidumbre, aunque no teníamos intención de dejarlo, ya que yo tenía pensado quedarme en Asia y no irme demasiado lejos, de forma que pudiésemos seguir juntos. En aquel momento Hong Kong me pareció una buena opción. Llegó el día de abandonar Vietnam y regresé unos días a España antes de comenzar mi aventura de buscar trabajo en Hong Kong. Por supuesto fue muy doloroso dejar a Thoai en el aeropuerto de Tân Sơn Nhất, más de lo que pensaba, pero no era una despedida. Le prometí a ella y a mí mismo que buscaría trabajo en Hong Kong y que una vez establecido encontraríamos la forma de continuar con la relación. Pero los planes no salieron como esperaba en Hong Kong y tuve que regresar a España definitivamente. Eso supuso alejarme aún más de Thoai y mi vida se llenó de pena y amargura.

Mientras estaba en España no dejaba de pensar en Vietnam, eso lo saben bien mis amigos y mi familia. Me sentía muy ligado a ese país y soñaba con regresar cuanto antes. Y es que el hecho de conocer a Thoai nada más llegar a Vietnam significaba que para mí eran lo mismo y una cosa me llevaba a pensar en la otra. Vietnam y Thoai, Thoai y Vietnam, un amor compartido, una profunda nostalgia.
Durante el año 2009 llevamos una relación a distancia y hablábamos por teléfono a menudo. Yo no estaba dispuesto a dejarlo con ella y seguía buscando la maldita forma de volver a Asia, así es como llegué a solicitar la beca Monbukagakusho para venir a Japón. Ese mismo año en Agosto volví a Vietnam de vacaciones y el reencuentro con Thoai fue maravilloso. La distancia no había afectado a los sentimientos del uno por el otro.

Estuvimos viajando durante dos semanas por todo Vietnam: Hanoi, Tam Coc y la Bahía de Ha Long al norte, Hue y Hoi An en el centro y unos días en Saigón, al sur. Fueron tiempos felices de nuevo.


Por entonces ya sabía que me iría al año siguiente a Japón con la beca Monbukagakusho, así que decidí darle la sorpresa. ¡Había conseguido regresar a Asia! Sin embargo, su respuesta no fue todo lo positiva que esperaba. Me dijo que tres años en Japón le parecía mucho tiempo para seguir esperando, que un año de relación a distancia ya había sido suficientemente difícil. Ella quería que regresase a Vietnam. Con esta duda en el aire volví a España después de las vacaciones, sin saber qué iba a ser de nuestra relación.

Después del verano seguimos llamándonos por teléfono hasta que un día de pronto cortó el contacto y no volví a saber de ella en varias semanas. Intenté llamarla pero su teléfono estaba todo el rato apagado, no respondía a los emails y sus amigas tampoco sabían dónde se encontraba. Durante todo un mes estuve sin noticias de ella, hasta que Yen, la amiga a través de la cual nos habíamos conocido, me dijo que había conseguido hablar con Thoai pero que ella había decidido olvidarme y pasar página. Volví a intentar contactar con ella algunas veces más pero no respondió. Pasé el invierno deprimido intentando olvidarla pero no podía porque cada vez que pensaba en Vietnam ella me venía a la cabeza.
Como no conseguía olvidarla decidí jugar mi última carta y me presenté en Vietnam en Marzo de 2010 para solucionar las cosas en persona antes de empezar a vivir en Japón. Estuve todo un mes viviendo en Saigón pero no sirvió de nada, ella no quiso verme.

Cuando llegué a Japón ya estaba mentalizado de que la relación se había acabado, aunque en realidad nunca habíamos formalizado dicho fin. Ella simplemente había dejado de responder de un día para otro sin darme explicaciones. Una actitud muy vietnamita, qué otra cosa podía esperar sino, la de no dar la cara y evitar cualquier conflicto personal.
Tuve que esperar hasta otoño de 2010 para hablar con ella de nuevo. La llamé al teléfono de siempre para felicitarla por su cumpleaños y sorprendentemente esta vez sí que respondió. Estaba muy agradecida por haberme acordado. Me dijo que sentía mucho todo lo que había sucedido. Intentó excusar su actitud diciendo que después de un año no quería continuar con una relación a distancia y que la única forma de pasar página era olvidándose de mí. Me dijo que lo pasó muy mal cuando supo que había venido a Vietnam sólo para arreglar las cosas pero que verme de nuevo la haría sufrir más así que no quiso hacerlo.
Después de esa llamada de teléfono vinieron algunas más y nos dimos cuenta de que ninguno de los dos se había olvidado completamente del otro. Le dije que por supuesto se me había terminado toda la ilusión por volver a estar con ella pero que al menos me gustaría verla por última vez. A Thoai le pareció bien y así es como regresé una vez más a Vietnam el mes pasado para encontrarme con ella, un año y medio después.

Fuimos juntos a Phú Quốc, una isla tropical al sur de Vietnam. Pasamos un fin de semana estupendo descansando y relajándonos en las maravillosas playas de la isla.


En la isla tuvimos todo el tiempo del mundo para hablar y ponernos al día sobre nuestras vidas. Recordamos viejas historias y durante esos días nos contagiamos de la misma felicidad que compartimos durante el año que vivimos juntos en Saigón. Pero aquello era un espejismo, el tiempo y las circunstancias habían cambiado lo suficiente para que los sentimientos ya no fuesen los mismos.

Y ahí se terminó todo, como tenía que ser. Fue la despedida que ella y yo nos merecíamos, un último viaje antes de decirnos adiós para siempre. Después cada uno se iría a perseguir sus sueños, yo me volvería a Japón y ella continuaría estudiando para poder marcharse a Francia con su padre. Le deseé lo mejor.

Esta es la última fotografía que tengo de Thoai, de la última noche que pasé en Saigón. Esa fue nuestra última cena y el día siguiente la vi por última vez, quién sabe si para siempre.
Adiós, Thoai. Nunca te olvidaré.