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Albertine desaparecida

Publicado el 07 marzo 2011 por Dukespeaks

El sexto volumen de En busca del tiempo perdido merece mención aparte, pues la saga de su publicación es de suyo algo novelesca: De pronto, los editores franceses de Proust encuentran la última versión mecanografiada de La fugitiva y lo publican en 1987 afirmando que las instrucciones del autor, ya debilitado por una neumonía que no se atendió por dedicarse de lleno a su obra, no se respetaron ni siquiera en su título definitivo (que debió llamarse Albertine desaparecida desde 1922). Es interesante que esta novela, breve, comience retomando el discurso La prisionera: El joven Marcel recibe en su cama la noticia de que Albertine le ha abandonado esa mañana temprano, dejándole apenas una carta de despedida. Lo que me figuraba no suponía nada para mí, significaba toda mi vida. "Cómo nos ignoramos". (Cfr. p. 23).
Lo que más urgía era leer su carta, puesto que quería estudiar los medios de hacerla volver. Los sentía mìos pues, al ser el futuro lo que no existe sino en nuestro pensamiento, nos parece aún modificable merced a la intervención in extremis de nuestra voluntad. Pero al mismo tiempo recordaba que había visto actuar sobre él fuerza ajenas a la mía contra las que me había sentido impotente, aun disponiendo de más tiempo. ¿De qué sirve que no haya aún llegado la hora si nada podemos hacer sobre lo que de acaecer? (p. 24)
Es común que los psicólogos se decanten por el corazón que por el cerebro. Es decir, seríamos más felices, o en todo caso menos frustrados, si siguéramos nuestras corazonadas a lo que nos "conviene" fríamente calculado. Es probable, que al dejarse llevar por el sector creativo de nuestro pensamiento, logremos disfrutar el tránsito hacia nuevos estadíos.
La vida es la que poco a poco, caso por caso, nos permite observar que lo que es más importante para nuestro corazón, o para nuestra mente, ni nos lo enseña el razonamiento sino otros poderes. Y entonces es la propia inteligencia la que, advirtiendo la superioridad de estos últimos, abdica, por razonamiento, ante ellos, y consiente en pasar a ser su colaboradora y su esclava. (p. 27)

Muerte de Albertine

Proust no tiene compasión del joven Marcel: Al crimen de haber mantenido prisionera a la pobre Albertine, cuando parece que ambos se han decidido por la reconciliación, le sigue un telegrama de la Sra. Bontemps que le propina un verdadero castigo: La fugitiva no volverá nunca al anexo del palacete de Guermantes, pues un caballo encabritado ha estrellado a nuestra joven amiga contra un árbol, quien muere por necesidad inmediatamente. En ese momento, deja de existir el presente, en adelante todo el tiempo tiene que ver con los lugares y con los momentos vividos junto a la chica de la panda de Balbec, la mujer amada. El luto se desarrolla en un tiempo que parece inmóvil. Es aterrador, alucinante, no puede salir ni siquiera de su propia habitación.
Ya sobre el tren, Marcel lee una carta de Gilberte (Gomorra) donde le anuncia su boda con Robert de Saint Loup (Sodoma). Por un momento, y leyéndola, pero quizá por el estrés del duelo, tiene el despiste de confundir a Gilberte con Albertine.
Gran parte de cuanto creemos y así es hasta en las últimas conclusiones, obcecación y buena fe, nacxe de un primer engaño en las premisas. (p. 134)
Venecia es, para Proust, la ciudad consagrada al arte.
Con todo, La fugitiva (1925) nos introduce el necesario final de todo la obra, El tiempo recobrado (1927), un final al que Proust había renunciado desde Albertine desaparecida, pero que ya no tuvo vida para poder afinar hasta el último toque. Quizá por esto la academia sueca le negó el Nobel, pues el ciclo narrativo que conocemos como A la recherche du temps perdu no estaba publicado totalmente. Quién sabe cómo habría sido todo si el autor hubiera tenido 10 años más de vida: ¿Habría terminado y publicado o se habría decidido por una obra literaria diferente?
Jean Paulhan
Jacques Rivière
Benjamin Crémieux
Todas las citas las he tomado de: Marcel Proust,En busca del tiempo perdido VI: Albertine deaparecida, Trad. de Javier Albiñana. Editorial Anagrama. Compactos Anagrama: 171. Primera edición: marzo 1988. Barcelona, España. 199 pp.
domingo 06 de marzo de 2011, 21:42 hrs.


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