Algo estamos haciendo ¿mal?, Rubius

Publicado el 11 febrero 2016 por Sara M. Bernard @saramber

Como individuo pertenezco a la que he llamado generación bisagra, donde sólo estamos mi gata y yo, según parece. Estoy inmersa en los usos, costumbres y tendencias estas modernitas, gracias a la difusión por internet que me convierte en una esponja, al mismo tiempo que, por edad física, pertenezco a la generación posterior.

Mi madre llama a esto "friki". Bisagra queda más elegante.

Un ejemplo es que soy espectadora en la sombra del contenido de Youtube; no me he molestado en ser "suscriptora" oficial de nada, a pesar de las implementaciones técnicas (el tostón de reunificar cuentas de Gmail, etc.) pero subo números como audiencia constante de distintos canales.

Para quien acabe de aterrizar en la sociedad occidental porque ha estado perdido y sin cobertura en la Antártida (aquí viene la explicación para abuelos, atención) eso de los "youtubers" es gente que graba, edita y produce sus propios vídeos. Y los sube a Youtube para que los veamos gratis. Sí, como un canal de televisión. De hecho, se llaman "canales". Cada uno de esos youtubers hace lo que de la gana, dentro de su estilo y temática. Consejos de moda y maquillaje (taaan típico), gameplays (jugar a videojuegos), hasta contenido personal o de cualquier cosa que puedas imaginarte ( ASMR, muy fan). Y mucha clave de humor, sketches, parodias...

Como Youtube es una empresa, igual que una cadena televisiva, pusieron en marcha en 2011 su sistema de retroalimentación: si tienes un número elevado de suscriptores y visionados puedes convertirte en "partner", es decir, percibes un porcentaje de dinero por publicidad según el número de visionados. Es un estímulo para que la propia plataforma siga en marcha, porque así los que hacen contenido que funciona siguen haciéndolo porque ganan dinero. La empresa no es española, no.

¿Qué ha ocurrido? Que muchos empezaron como entretenimiento personal o divertimento, sin una clara vocación comercial ni un plan de márketing bajo el brazo, aunque después hayan evolucionado hasta elementos más profesionalizados. Pero los visionados de sus cosas y, por tanto, la audiencia potencial de varios de estos youtubers (en España y en otros países) supera, muy de lejos, las cifras que cualquier cadena de televisión no se atrevería ni a soñar para uno de sus programas. Más adelante pongo números largos de ejemplo. Los youtubers hacen lo que cualquier otro actor, presentador de televisión (con más o menos fortuna, depende de gustos) pero producidos por sí mismos, y ganan bastante dinero. Los medios de comunicación e industria audiovisual de siempre (en lo sucesivo, viejo sistema) se hacen los locos ante este fenómeno y lo equiparan a un marginal pasatiempo más que a un trabajo por un sistema alternativo.

Y hasta aquí, el meollo de lo que estamos hablando. Creo que con esta explicación tan sencilla se ha enterado hasta mi abuela. Y eso que está muerta. La otra, también. Que tengo casi 40 años, por favor.

Aquí estaba sentada, con mi bolsa de palomitas, esperando un morboso choque frontal entre el viejo sistema y el nuevo. Por algún lado tenía que salir. El primero en lazar una piedra con cierta repercusión fue Risto Mejide con su programa Al rincón de pensar, donde entrevistó a algunos youtubers españoles ( Auronplay, Wismichu, Dulceida, Lovely Pepa, Alexby11 y por supuestísimo, Elrubius).

El siguiente ha sido el periodista Pedro Simón, con esta entrevista al Rubius. Pero algo en esa entrevista huele mal. Muy mal. Fatal. Me chirrían las meninges porque algo no cuadra.

Por si a estas alturas no lo saben (¡a estas alturas!) Rubius es el youtuber español por cifras más destacado (16.370.300 suscriptores a fecha de ahora mismo que lo acabo de mirar). Su canal empezó principalmente como otros tantos de gameplays (las partidas grabadas de videojuegos) y en tono de humor, para mezclarlo con parodias, bromas preparadas o vídeos de contenido más personal. A mí me hace gracia todo esto último (los gameplays no me interesan ya aunque hay alguno de juegos tontos bastante desternillante) y técnicamente es una edición que considero buena y dinámica. También es un poco adorable la presencia de su amigo fiel (y en la vida real) Mangel Rogel, que ni buscado a propósito con un guion, un poco a Don Quijote y Sancho Panza (perdón, Mangel, que no te estoy llamando enano gordo. En serio. Es que Rubius es muy alto. De verdad. No te enfades).

Hasta aquí, bien. El problema es la entrevista. Pedro Simón se posiciona como el narrador que no entiende el fenómeno, en una especie de dejadez simpaticona. ¿Recurso estilístico? Hace preguntas estúpidas o impertinentes o las dos cosas. Preguntas que, en todo caso, a mí me avergonzaría hacer como periodista. Da igual que quien tengas enfrente es un chavalito de 25 años o uno de 5 (y he entrevistado a cantantes infantiles alguna vez). Pero desarrolla el texto en ese papel suyo, el de señor mayor y padre de hijos que van a 6º de primaria. El tono paternalista se le escapa de vez en cuando con absoluta claridad ("Uno siente simpatía con Rubén porque a pesar de todo tiene la edad de tu sobrino, alberga buen fondo, firma todos los autógrafos que le piden los chicos que le esperan en la puerta de la tienda y, en ocasiones -la vida justinbieberizada-, lo ha pasado mal").

Pero algo sigue sin cuadrar. Y es que Rubius parece un niño cualquiera de 8 años, con respuestas absurdas a tanta pregunta absurda. Una duda insistente planea sobre mi cabeza: si Pedro Simón sabe de lo que está hablando pero es su manera de contar la historia+entrevista (ese posicionamiento externo de adulto desconocedor) o realmente no tiene ni idea y sólo le han mandado a hacer la tarea (" Pero el reportero no sabe lo que tiene que hacer -ni cómo vestir, ni qué preguntar, ni qué cara poner- si su jefe le manda a entrevistar a un chaval de 25 años que se tira hasta 15 horas al día encerrado en su habitación frente a una pantalla").

Aseguran los compañeros periodistas que Simón es bueno.

Rubius sube un vídeo el mismo día explicando que la transcripción de sus respuestas son pifias monumentales, no es lo que él contestó o no de esa manera equivocada.

Lo siento, pero creo más a Rubius.

"[...] es un chico que se puso a grabarse haciendo el gamba y eso gustó. Que insistió y gusto más todavía. Que siguió haciéndolo y alcanzó fama mundial. Y a ver quién se baja ahora de este reactor de papel".

En primer lugar, supongo que Simón ya tendrá conocimiento de que la industria de los videojuegos mueve alrededor de 75.500 millones (de dólares) al año y que se cifran en 1.200 millones los jugadores por todo el planeta. No es una industria pequeña y, además, no para de crecer. Siento deseos de quitarme los pelos del sobaco uno a uno y con los dientes, porque es increíble que llegue 20 años tarde (¡20!) a lo de los videojuegos. Sí, amiguitos, hace 20 años iba al instituto y los videojuegos estaban en pañales, pero durante meses las conversaciones se centraban en los avances y trucos para el Alone In The Dark, por poner un ejemplo. Entonces (¡hace 20 años, carajo!) nos volvíamos locos buscando trucos por internet. Si hubieran existido canales de gente jugando a lo mismo, y además con cierta gracia y chistes propios, también habrían conseguido una audiencia descomunal y legiones de fans histéricos. Justo lo que le ocurre al Rubius.

Que sigan cuestionando cómo a los adolescentes les puede gustar "ver vídeos de cómo otros juegan una partida" pues...

Por otra parte, están las cifras, de las que pongo unos pocos ejemplos. El día de su estreno, la serie "Somos los Miller" (Antena 3TV) tuvo un 18,1% de share y 3.147.000 espectadores, seguida de "El chiringuito de Pepe" (Tele 5) con un 15,6% y 2.951.000 espectadores. El vídeo del Rubius explicando lo de su entrevista ya tiene 4.858.093 visualizaciones. Está claro que no es lo mismo, por el carácter acumulativo de la audiencia en Youtube frente a consumir el producto audiovisual a una hora concreta. Pero otra cifra: el primer vídeo humorístico que hizo sobre Chatroulette ya tiene 18.761.802 visualizaciones (le conocí justo a partir del Episodio 2).

A estas alturas de párrafos, importa poco si P. Simón lo ha hecho de mala fe o no. Tampoco es un tema tan trascendental como para no haberse informado, digo. Lo que demuestra esa entrevista es un choque más profundo que el simple jóvenes Vs. adultos o tendencias de moda. Subyace también el enfrentamiento entre el viejo sistema audiovisual y el nuevo, en el que están implicados profesionales de todo tipo. Porque no deja de ser contenido de entretenimiento y no dejan de ser cifras, que es lo que le interesa al viejo sistema. Los medios impresos han intentando un acercamiento a su manera, con entrevistas como esta, o el tirón comercial de editarles libros a varios youtubers (y ninguno conseguirá jamás el Premio Nobel de Literatura, desde luego).

Además de todo esto, subyace la peligrosa idea del trabajo creativo vs. trabajo de verdad. Algo muy extendido en la cultura (¿española?). Nadie habla, por otra parte, de instrusismo laboral. Qué curioso. Será porque no hacen nada serio, tanto humor, tanto humor.

El único resumen que puedo hacer es que enhorabuena a los que lo han conseguido, porque es más que evidente que el sistema antiguo no funciona. Os pongo otro ejemplo que conozco bien: gastar años, esfuerzo, sudores para conseguir buenas notas en una carrera, en clases de teatro, guion, locución, hacer bolos, blablabla, para acabar haciendo tu propio guion, grabándote, editar esos vídeos (lo que hace un youtuber) por 700€ al mes, hasta que al jefe de la productora le da la gana de despedirte y acabas llevando cajas en un almacén por 450€/mes porque se necesita una nómina medio fija (por poca que sea) para poder comer, en vez de estar perdiendo el tiempo en tu habitación utilizando tus conocimientos para grabar cosas que tardarán en funcionar.

Todo eso se supone que es "trabajo serio" porque hay contratos de por medio. Pero lo de Youtube no es serio.

#RubiusdeBoteCuloMorenote