En su viaje a ninguna parte ha encontrado una zurcidora ocasional, decidida a remendarle el alma con pedacitos de cielo.
Era un hombre con los sueños rotos, como sus zapatos. Por los agujeros de su viejo hatillo se le escaparon la alegría y las risas que antaño poblaron sus días.
En su viaje a ninguna parte ha encontrado una zurcidora ocasional, decidida a remendarle el alma con pedacitos de cielo.
En su viaje a ninguna parte ha encontrado una zurcidora ocasional, decidida a remendarle el alma con pedacitos de cielo.