Entonces sonó dentro de su manta andrajosa un teléfono móvil. Era de última generación. Cogió la botella y entró al local.
Sobre su manta, frente al salón de juegos, me miraba y, con voz aguardentosa, pedía una moneda. La botella escondida detrás de los cartones no olía precisamente a cerveza.
Entonces sonó dentro de su manta andrajosa un teléfono móvil. Era de última generación. Cogió la botella y entró al local.
Entonces sonó dentro de su manta andrajosa un teléfono móvil. Era de última generación. Cogió la botella y entró al local.