Revista Talentos
Las trampas que tendí para protegerme de los dientes del lobo no fueron suficientes. Dejé un resquicio sin vigilancia y se coló, curioso, por debajo de la persiana. Lo envasé al vacío, pero tiene mala cara. Mejor, voy a meterlo en el tarro de los pepinillos. Quizás, así, pueda conservarlo.
