Revista Literatura

Apuntes para un proyecto de novela (3. Espejos)

Publicado el 01 agosto 2012 por Pelearocorrer @pelearocorrer

Lo primero que recuerdas es un espejo. Rectangular, de madera barroca que simula el oro, con un adorno en la parte superior que parece una boca deformada. Desde muy pequeño asocias el espejo con la idea de una entrada, una puerta, una vía de acceso: no otra cosa son las bocas. El espejo es una boca. Te asusta pero también encuentras cierto placer en su contemplación. Desde tu habitación puedes ver —a través del espejo— el salón; sin embargo, desde el salón no puede verse tu habitación. Esto significa que puedes ver lo que pasa sin que nadie sepa que estás viendo. Tienes el privilegio de la mirada, aún eres muy pequeño para saber, a su vez, que todo privilegio acarrea una responsabilidad, es decir: eres responsable de lo que ves. Las cosas suceden porque las ves. Aunque no eres capaz de formular estas frases, las intuyes bajo la maquinaria implacable del espejo. El mundo se reduce a tu cuarto y el espejo. El mundo es tu cuarto y el espejo, que no es de nadie o forma parte de las cosas que hay en el pequeño piso familiar y están ahí antes que tú. De pequeño te fascina pensar que algo es anterior a ti, el tiempo son sólo las cosas animadas o inanimadas que lo habitan, el tiempo tiene la edad cotidiana del piso familiar, y sólo el espejo parece que viene de muy lejos, tu conciencia nace también con el descubrimiento del espejo, de esa boca-entrada que engulle y vomita. Recuerdas cuál es la primera pregunta que te haces: ¿qué hubo de mi antes de ser esto que soy ahora? Recuerdas la respuesta: nada, antes de mí no hubo nada. La eternidad hacia atrás te resulta vertiginosa. Pasas mucho tiempo jugando solo y pensando en el tiempo, sientes una extrañeza, sientes que eres un extraño en el reino de tus hermanas Natalia y Rebeca.


Filed under: creacion literaria 


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