Revista Talentos
—Comisario, ha llamado el encargado de un restaurante gallego. Dice que una horda de descerebrados no quiso pagar una comida previamente concertada aduciendo engaño fehaciente al no haber allí ni arena, ni mar, ni gaitas. Huyeron despavoridos al grito de «¡ciencuentista el último!», pisando, inmisericordes, a un abatido chaval barbado.
