Revista Literatura

Azúcar a punto caramelo

Publicado el 17 mayo 2018 por El Perro Patricia Lohin @elperro1970

Azúcar a punto caramelo

“Hay historias terminadas que ciertamente no se terminan nunca y la noche las cobija. Las hace parecer ciertas. Posibles otra vez.” Lorena Pronsky

Darling:

Qué peligrosas son algunas noches solitarias con olor a azúcar a punto caramelo para el flan. Suena la playlist que armé para nosotros: el Nano canta para Piel de manzana.  Me cobijo en el tema como si fuera una manta norteña tejida en telar: pesada y colorida, con olor a tu perfume mezclado con el mío.

Entre la música, el aroma de la cocina y tu recuerdo me siento como en casa, estando en mi casa. Una casa de naipes a punto de derrumbarse, armada a pura fantasía. Cierro bien las puertas y ventanas.  Quiero evitar cualquier corriente de aire y habitarla un rato más. Que dure, que no se desvanezca, que luche por mantenerse en pie. Alguien que luche ya que nosotros nos hemos rendido.

Un aire tibio baja desde el cielorraso hasta el sillón donde estoy acostada. Creo escuchar tu voz leyendo el último escrito que me mandaste. Qué manera que tenés de habitarme con tus palabras.

Tu voz me acompaña mientras me bajo del auto y entro a la biblioteca. Llueve torrencialmente, y la galería repleta de plantas y enredaderas es una sinfonía llena de gotas que crean toda clase de notas musicales. Busco un libro para vos, algo enroscado y lleno de cuestiones filosóficas, que leerías en el recreo repleto de ausencias. Un Principito dibujado en la pared se ríe de nosotros. El libro que llevo en la mochila habla de dos que intercambiando nombres llegan a un lugar que nunca compartieron con nadie más. ¿Te suena? Tan nosotros…

Quiero escucharte y aferrarme a esa voz que quiere y que puede, aunque sepa de antemano que el engaño es el principal sustento de nuestra fantasía. Nos mentimos tanto, que estoy segura que si alguien viniera a salvarnos, a darnos una mano, volvería sobre sus pasos para asistir a otros que tuvieran más ganas, más coraje, más certezas.

¿Te acordás del hilo dorado que nos unía? Estoy segura de que no se ha cortado, lo sé porque ayer me pegó un tirón para despertarme y casi me desnuca. Se volvió mas bien un elástico que permite alejarme cada vez un poco más, y cuando estoy en un lugar al que no pertenezco, el elástico me hace rebotar y volver.  Volver no a vos, volver a mi, y a ese lugar que solo vos supiste descubrir que soy.

Me decís que es mejor seguir asociado con esta soledad hoy tan cómoda, que unirse al destierro que supone dejar de ser uno mismo. El único exilio que deseo es el que me lleve a cualquier territorio que tenga mi esencia. Perderme hoy no es una opción.

Tal vez no seas hoy más que una bandera blanca de rendición clavada en el desierto, marcando el lugar a donde llegaré caminando en solitario hasta encontrar algún oasis que huela a  azúcar a punto caramelo para el flan.

Tal vez esta sea una enésima declaración de amor.

Tuya siempre.

Patricia Lohin

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