Todavía resuenan sus voces en el patio del convento. Todavía un remolino lo perturba. En el centro. En el mismo centro. En el que las niñas sin saberlo invocaban con su rueda a que se abrieran las puertas del infierno.
Todavía resuenan sus voces en el patio del convento. Todavía un remolino lo perturba. En el centro. En el mismo centro. En el que las niñas sin saberlo invocaban con su rueda a que se abrieran las puertas del infierno.