—¡¿Qué haces?! Quítate... me haces cosquillas, mi cuello... ouch.
Revista Talentos
Partimos el camino desde la montaña, entrando por el bosque en penumbra. Una vez allí, las cosas se volvieron extrañas. Los ojos de mi amigo centelleaban en un extraño carmesí y parecía que sus caninos crecían sobresaliendo de su labio inferior.
—¡¿Qué haces?! Quítate... me haces cosquillas, mi cuello... ouch.
—¡¿Qué haces?! Quítate... me haces cosquillas, mi cuello... ouch.
