Revista Literatura

Bajo la atenta mirada del reloj

Publicado el 03 abril 2013 por Xabelg

Bajo la atenta mirada del reloj
El reloj, en la pared, inflexible y vigilante, corriendo sin pausa, sin perdonar un sólo segundo a nuestras vidas, un instrumento de medición, que se ha ido convirtiendo en amo y señor de nuestras vidas. El reloj, que no aparta la mirada de ninguno de nosotros, apremiándonos a obedecer sus maquinales designios, sean cuales sean. Es un misterio para nosotros, pero aún así, acatamos sus caprichos como algo inevitable.
Para Marisa y Rubén, joven pareja, el tic tac del reloj significa que se acerca el tiempo de su felicidad, se acerca el día de su boda, ya les queda poco, y arden en deseos, le apremian a que acelere su ritmo, pero el reloj es impermeable a los deseos ajenos, sólo se obedece a sí mismo, y es que el reloj, es señor, y no vasallo.
El andar de las agujas es lo que segará la vida de Manuel, a pesar de haber sido esclavo del reloj durante gran parte de su vida de creativo publicitario, consagrándose a través de inhumanos plazos de entrega, que ya le colapsaron anteriormente. Es la cruel ironía del reloj, que a veces se cobra tributos en vidas humanas, precisamente entre quienes son sus más fervientes seguidores.
Roberto ve por entre las agujas del reloj  y la posibilidad de la libertad, encarcelado una año atrás por un asalto que jamás perpetró, el correr del tiempo, y el interés de alguien proporcionó nuevas pruebas exculpatorias para el, por lo que las horas previas al nuevo juicio le hacen elevar su maltrecho ánimo y materializar una nueva esperanza.
Siempre está ahí, controlándonos y dirigiéndonos, hacia nuestros deseos y pesadillas, sin inmutarse. Todos servimos al incansable reloj, rigiéndonos por horarios, y dedicándole atentas miradas. Horarios de transportes de pasajeros, horarios comerciales, laborales, las horas a las que comemos, dormimos, y salimos con nuestra gente. Casi todos, tenemos al menos un reloj, que nos vigila, y al que debemos consultar y pedir consejo, consejo que él se complace en ignorar, mientras continúa su interminable caminar. Para unos, su eterno e incansable caminar es la perdición, mientras que para otros, es el preludio del Edén.

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