Revista Talentos
Le dieron tres vueltas y le pusieron un bate en las manos. "¡Venga, gordo, que los tienes delante!". Un golpe seco, otro y otro lo excitaron hasta el paroxismo. Algo le salpicó en la cara. Podían ser melones, botijos, piñatas o cabezas, pero ¿quién podría culparle teniendo los ojos vendados?
