Revista Literatura

Calilla. Capítulo 11: Todo puede cambiar

Publicado el 23 marzo 2014 por Vicent Bañuls Carbó @UnaventanaaNY

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¡Buenos días!

Una semana más tenemos aquí un nuevo capítulo de Calilla, aquí lo tenéis.

Capítulo 11: Y todo puede cambiar

Hacía 7 dias con sus 7 largas noches las que hacía que Sarah se había ido de casa y no sabía nada de ella.

- Señor, tiene una carta desde Edimburgo – dijo una sirvienta.
-Gracias, puedes retirarte.

El remitente era de Edimburgo de una persona que desconocía por completo su nombre, aunque su apellido era el mismo que el mío. Temía que fuese mi padre. Abrí la carta y empezaba así:

Querido Richard,
Soy tu padre…

La carta continuaba pero yo no quería continuar leyéndola, si me habia abandonado cuando nací, ahora no quería saber nada de él. La arrugué y la metí dentro de un cajón, me daba igual lo que estuviese pasando con su vida.

Hoy ya no podia aguantar más días sin ver a Sarah, así que iba a visitarla, pero antes quería pasar por la cueva a ver a mis compañeros.

- ¡Miralo! ¿Te acuerdas de nosotros? – Dijo Rafael.

- Hola Chicos, perdón por no venir a veros antes ni traeros noticias antes, pero es que la situación para vosotros y para mí no esta muy bien que digamos.

- ¿Y eso? – Preguntó Manuel.

- Julián parece que se va a quedar más tiempo en mi casa por su recuperación no esta funcionando como esperábamos ¿Verdad Paco?

- Así es, Julián no está respondiendo a los medicamentos tal y como esperaba, así que se tiene que quedar como mínimo un mes más en casa Richard.

- Entonces ¿Qué pasa con nosotros? – pregunto Paco.

- No podéis quedaros aquí, así que creo que os vais a tener que venir a mi casa. Escucharme muy bien, el plan es el mismo que la otra vez, pero ahora tenemos ventajas porqué no hay tanto Guardia Civil. A las 6 en lo alto del Sacerdote, no os dejéis nada en la cueva por favor – le informé yo.

- Gracias por todo jefe – dijo Rafael.

- No hace falta, si María estuviese aquí es lo que haría.

- Por cierto, ¿Cómo está tu pimpollo? – preguntó Manuel.

- Me tengo que ir, pero si, esta bien. Adiós chicos.

Intenté esquivar el tema de de Sarah como pude. Ahora necesitava ir a verla,no se como se tomaría mi visita pero yo me estaba dando cuenta que no podía estar así.

Llamé a la puerta y me atendió Filomena, entró para preguntarle a Sarah si podía pasar, y finalmente entré.

- Hola Sarah ¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?

- Bien, gracias ¿Y tu?

-  Estoy que ya es bastante. Siento a ver venido antes de los 15 días que acordamos, pero es que no podía estar en el cortijo sin verte.

- Yo también iba a ir a verte porqué he recibido una carta de un tal – cogió la carta y leyó el nombre- Steve Raymond, pensé que sería algo tuyo y que se habían equivocado asi que te la quería llevar.

- Es mi padre, me enterado que es él esta mañana, pero no he querido continuar leyendo la carta ¿La has leido?

- No.

- Me parece raro que haya enviado la carta a dos personas.

- Supongo que se imaginaría que la primera no la leerías pero que la segunda ya la leerías. ¿La vas a leer?

- No creo, si quiere algo que venga a buscarme, ya sabe donde vivo – dejé una pausa- ¿Has tomado ya una decisión?

- ¿Tu?

- Más o menos, aunque creo que necesito pensarmelo más.

- ¿No estás seguro? Va a ser algo que tal vez marque un antes y un después en nuestras vidas, para bien o para mal. Nos vemos de aquí a una semana y hablamos de nuestra decisión.

- De acuerdo. Cuidaros los dos. Adiós Sarah.

- Adiós.

Nunca pense que una vistame pudiese cambiar completamente mi forma de pensar. Antes de llegar aquí tenía medio claro que no queria continuar más con ésta historia, pero al ver a Sarah delante de mi y embarazada de una criatura de la que yo era el padre, me hizo cambiar de pensar.

Hoy era el gran día, mi casa se iba a convertir en us hostal: en la planta de arriba iba a estar el capitán y abajo mis compañeros. Era algo que podía explotar en mi cara.

Eran las 17:30, cogí a Centurion, uno de los caballos más bonitpos y rápidos que tenía en el cortijo. Salí rumbo a lo Alto del Sacerdote. Empezaba la acción.
El Alto del Sacerdote era un valle con una pequeña montañita en el centro donde según una leyenda se dice que aquí asesinaron a un sacerdote que reveló los secretos de un fiel que se confeso ante el.

Oía voces, pero tenía que ser prudente por si no eran ellos. Afortunadamente si que eran ellos.

- ¡Hola chicos! no tenemos mucho tiempo. Os explico como va a ir esto. Yo ire delante a unos 500 metros de vosotros. Vosotros teneís que vigilar como de costumbre si se os acerca alguien, nos la estamos jugando. Iré por la parte derecha del río que está menos transitada se llega incluso más rápido a la puerta trasera del cortijo. Entendido todo ¿verdad?

-Entendido – dijo Manuel.

- vamos allá – dijo Rafael.

La banda se estaba jugando mucho con esto, y yo creo que era el que más porque era la unica idenridad que desconocían los Guardias Civiles.
Lo hicimos así, yo iba sobre unos 500 metros delantes, jamás lo habia pasado tan mal. Estaba demasiado asustado.

- Buenos dias, ¿Sabes usted donde esta Villaroledos? – pregunto una muchacha con accento andaluz.

- si, pero me temo que usted no esta llendo en la dirección oportuna ¿Señorita? – Le pregunté yo.

- Clara. No sabes usted el favor que me ha hecho. Mire es que yo tengo a mi tía Herminia, no se si sabrás quien es, y resulta ser que su marido la abandonó hace unos meses, y ella entró en depresion…

La mujer seguía hablando y yo tenía la cabeza ya como un bombo. Los bandoleros y yo no podíamos permitirnos estar parados en medio de la sierra. Clara seguía hablando.

- Dilculpe señorita pero tengo mucha prisa. Mi nombre es Richard Raymond, si tiene algun problema no dude en preguntar por mi en Calilla. Hasta pronto.
- Madre mía que señor tan amable, muchas gracias señor. Quede con Dios.

La señora era muy maja y verla hablar era muy divertido porque era pequeñita y muy dicharachera, pero el tiempo jugaba en nuestra contra.
Continue mi marcha y lo más importante es que cada vez estabamos más cerca de mi cortijo. Afortunadamente ya podíamos distinguir la silueta de mi cortijo a lo lejos.

Ahora venia la parte más difícil, las zonas cercanas a la plaza mayor de Calilla. No es que Calilla fuese un oueblo muy poblado pero si que había mucha gente que iba de pueblo en publo a trabajar o a visitar a familiares, así que seguro que nos toparíamos con algunas persona.
Decidí decirle a lo bandoleros que fuesen justo por el camino que más cerca del río que pasaba.

Llegamos, despues de una hora de trayecto lo conseguimos. Entramos a la casa, les dije que hiciesen el menor ruido posible. Yo había avisado a todo el mundo que no bajase porque estaba preparando una cosa, pero estoy seguro que si oían ruido bajarían a ver que pasaba.
Los dejé abajo, mi vida en la parte de arriba de la casa continuaba. Nada más abrí la puerta de el salón via a Sarah allí.

- Richard, no hables, solo quiero que me beses y que no desaprovechemos más momentos de nuestras vidas.

No tenía palabras para responderle, así que ella se acercó y me beso muy tímidamente, por lo visto no estaba muy segura denlonque estaba haciendo, así que se aparto. Yo le conteste con un beso. La llevé a mi habitación, y pasamos la noche.
Al dia siguiente Sarah ya no estaba en mi cama.

¿Que le habrá pasado a Sarah? ¿Descubrirán a los bandoleros?

Todas las respuestas en el próximo capítulo

Feliz día

Vicent


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