Magazine

Capítulo XIX: Vic

Publicado el 18 mayo 2012 por Seles
Escuché un ruido, como si algo se hubiera caído, y una palabra no muy culta. Luego oí pasos que se dirigían a la puerta, que se pararon en seco y volvieron a repetir la misma palabra. Hubo más ruidos, y tardó como medio minuto en abrirme.Estaba respirando hondo, y yo tuve que imitarle. ¡Se había arreglado demasiado! Ni que fuéramos a estar por ahí, en la calle –aunque he de reconocer que yo también me pasé-.-Hola. –Murmuré.-¿Qué quieres? –Fue directo al grano.Apreté los puños y me contuve para no decirle ninguna barbaridad. Estaba claro que la pregunta sobraba después de lo que pasó ayer.-¿Cómo que qué quiero? Ayer vine para ayudarte con el trabajo y me echaste.
Vi cómo su rostro se volvía duro de pronto. Me clavó su mirada, gélida, y sacudió levemente la cabeza.-Lo acabé anoche, no tenía nada que hacer y lo hice.Enarqué una ceja. No estaba segura de si creerle.
-¿A qué hora hiciste el trabajo?Su rostro me mostró una mueca de desdén que no me agradó nada.
-¿Y eso a ti qué te importa? Hice el trabajo, ¿no? Era eso lo que querías, ¿cierto? Pues ya está, ya te puedes ir.Si no fuera porque iba tan bien vestido, no hubiera dudado en darle una colleja para que espabilara. ¿Cómo podía hablarme con tanto desprecio? ¿Qué le había hecho? ¿Es que acaso se había vuelto Imbécil?
-A ver, K, vayamos por partes. –Carraspeé. –Vine por el trabajo, y para saber por qué me echaste de esa manera tan… bestia.Vi cómo su cuerpo temblaba. A veces le daban esos temblores, cuando tenía estrés o se ponía nervioso, o incluso cuando se relajaba. En estos momentos, si soy sincera, me daba igual el por qué.-Pues… es que estaba muy ajetreado, prefiero no contártelo. –Dijo finalmente.
Me encogí de hombros. Al menos era sincero. Al menos me decía que no pensaba contármelo. Había que ver el lado positivo de las cosas, aunque no tuviera.-Bueno, entonces no te insisto más… era sólo eso.
Di media vuelta para irme, pero me agarró de la muñeca.-¿No piensas quedarte?Lo miré, atónita.-Pero si me acabas de echar.Se encogió de hombros. Su cara mostraba un sentimiento; era la tristeza.-Siento haberte gritado, en realidad tenía ganas de que vinieras, pero es que estoy muy liado con ciertas cosas y… no sé, no tengo muchas ganas de explicar ahora todo lo que me pasa. –Me miró directamente a los ojos. Esos ojos de un color oscuro, profundo, que me enternecían por dentro. –Cuando sea el momento lo haré, ¿vale?Le sonreí dulcemente.
-Está bien.Me soltó y entró en su habitación. Dudé en seguirle, pero vi cómo se tumbaba en la cama y me hacía señales con la mano. Cuando entré, me sentí incómoda.Dos paredes estaban pintadas de verde oscuro, y las dos restantes de verde pastel. Tenía un escritorio con el ordenador y la impresora y poco más. Me fijé más en la cama, que era más grande de lo normal. Parecía hasta de matrimonio.
Me sonrió, y sentí un cosquilleo por todo el cuerpo.-¿Qué? Nunca habías entrado, ¿no?
Asentí.-Una vez de pequeños, pero esto ha cambiado muchísimo…Y tanto que si había cambiado. Cuando yo vine las paredes eran azules, y había muchos muñecos de acción desperdigados por el suelo. Era una habitación infantil como cualquier otra.
Aunque la habitación que tenía K se me antojó vacía, sin vida, como si le faltara algo.
-Hey. –Me despertó de mis ensoñaciones. -¿Qué pasa? ¿Es que te ha decepcionado mi habitación o qué?Me lo quedé mirando. Había algo que realmente me sorprendía.
-No hay ninguna mujer mostrando carne. –Me reí. –Pensé que tal vez tendrías pósters o cosas así, como los chicos normales.Se sentó en su cama, y me sonrió.-Y los tengo.Se levantó, y se fue a su armario. Lo abrió y en el interior de la puerta había tres pósters de diferentes tamaños de chicas bastante ligeras de ropa… bueno, no llevaban nada de ropa.Chillé, y lo miré con cierta furia.-¡Eres igual que todos los tíos!Se empezó a reír. Su risa me pareció malvada, como si lo hubiera hecho para picarme.-¿Qué te creías? ¿Qué era un santo venido de una iglesia o qué? Soy un tío, y como tío que soy necesito estas cosas, son imprescindibles en mi vida cotidiana. –Sonrió falsamente.Me crucé de brazos, enojada.-Sí, venga ya, ahora vienes a hablarme a mí con finuras, no te jode. –Farfullé.Se acercó a mí, y me dedicó una media sonrisa algo traicionera. No me gustaba para nada que se comportara así, era… estúpido, de tontos. Yo consideraba a K como un chico diferente a los demás, alguien que está todo el día mirando chicas, leyendo revistas de deporta y holgazaneando horas y horas.Puede que así fuera realmente.Me senté en el suelo, y él hizo lo mismo.-¿Te vas a enfadar por tener fotos de chicas? No seas así. -Me pasó su brazo por mis hombros. -Sabes que es algo superficial, ¿no? Son sólo cuerpos.Me lo quedé mirando. Me dieron ganas de pegarle una bofetada, pero no tenía fuerzas suficientes.-Supongo… pero me molesta.
Me abrazó con fuerza. Sentí que la respiración se me cortaba. No podía escapar, y en el fondo tampoco quería.-Ay, qué mona te pones cuando te enfadas. -Rió animadamente, y me soltó
Lo observé, asustada. Él nunca me había abrazado, o casi nunca. No era común en él ese tipo de gestos de afecto. Lo normal era que me pegara una leve colleja, o me frotara el pelo hasta convertirlo en una selva, o incluso pegarme codazos.Pero… ¿Un abrazo? Eso nunca.-¿Qué? -Musitó al ver mi reacción.-¿Por qué has hecho eso?-Porque me ha dado la gana. -Se cruzó de brazos y enarcó una ceja.No podía ser una respuesta tan simple. Él no era así. No me entraba en la cabeza que lo que había pasado era cierto, y no una broma estúpida.
-Tú… no me abrazas nunca, no es común en ti.Vi que su rostro se desencajaba un poco. Abrió los ojos levemente, y luego los entrecerró. Jugueteó con sus dedos y sacudió la cabeza.
-K, si haces precisamente ahora esto, me costará más separarme de tí.Clavó sus ojos oscuros en los míos. Esa mirada me había llegado hondo, y sabía que no iba a poder apartarla de mí voluntariamente.-Lo siento, no pretendía hacerte daño… sino todo lo contrario.
Se levantó, y volvió a tumbarse en su cama. Puso sus manos en la cabeza, y se quedó mirando el techo.El silencio me resultó incómodo, y no entendí por qué tenía tantas ganas de tumbarme a su lado, abrazarle y pedirle perdón, pero es que me sorprendió tanto que no pude contenerme. No es propio de él ser así. Recuerdo que una vez lo hizo, pero fue porque se había peleado con Alex y no quería que me enfadara con él…
… Tal vez fuera por eso.-¿Te has peleado con Alex? -Le pregunté.Él negó con la cabeza. No sabía si creerle o no, pero tampoco es que tuviera muchas opciones.-No es eso, Vic… es sólo que me voy, y no nos veremos en mucho tiempo. No quiero llevarme un mal recuerdo tuyo, o quedarme sin hacer las cosas que siempre quise hacer… como abrazarte.
Mi corazón empezó a latir a mil por hora. Sentía como si mi mundo se aferrara sólo a él. Nunca me había dicho algo tan bonito como aquello, sonaba hasta cursi en sus labios. Por un instante pensé que tal vez debería pedirle que se quedara, o irme con él, o algo, pero estar a su lado.Pero un pensamiento me golpeó en mi mente como una maza. No pude sentir rabia y decir lo que pensaba.
-Claro, te comportas así porque te vas, si no, seguramente pasarías de mí.Se incorporó un poco en la cama, y me señaló con una mano que me acercara a él. Lo hice, porque en el fondo sabía que no tenía nada que temer.Cuando estuve a un paso de él, me cogió por debajo de la barbilla, y acercó su rostro a mío.-¿Quieres que recordemos escenas de cuando éramos niños?Mi cuerpo tembló. Estaba derritiéndome por dentro por su contacto, y en el fondo temía la escena que quisiera reproducir.
-¿C-cuáles?Sonrió malévolamente.
-¿Te acuerdas de cuando éramos niños e hicimos un camping? Te di un… -Se acercó mucho a mi rostro, podía sentir su respiración. -”Beso… beso”.Lo miré, blanca. Me quedé clavada en el sitio, y no tuve fuerzas para alejarme cuando se acercó a mí y me besó con delicadeza.Sus labios rozaron los míos con suavidad. Su tacto se me antojó tierno, y su aroma, suave y fresco, hizo que me derritiera entera.Iba a profundizar más el beso, pero me alejé a tiempo.-¿Qué ocurre? -Me preguntó, sereno.
Me puse nerviosa de pronto, y todo mi cuerpo sintió un escalofrío. Di dos pasos atrás, y miré la puerta.-Creo que… lo mejor será que me vaya. -Sonreí.Se levantó, y se acercó a mí. A medida de que lo hacía yo retrocedía. Mi espalda tropezó contra la puerta, y puse mi mano en el pomo.
-He de irme.Logré abrir la puerta, aunque en el fondo supe que si él no hubiera querido dejarme marchar, no hubiera podido abrirla. Salí sin despedirme, con las mejillas ruborizadas.Me encontré con la madre de K, y le sonreí amablemente.-¿Te pasa algo? -Inquirió.Negué con energía.-No, nada. Ya he terminado de hablar con K, y me tengo que ir a mi casa. ¡Hasta luego!Escuché la despedida de la mujer, y salí casi corriendo de la casa.Sentí el impulso de correr, y así lo hice; corrí hasta que mis piernas desistieron, y casi caí en el suelo, pero pude aferrarme a una barandilla. Me fijé en esos momentos de que había llegado al parque.Me acerqué a los columpios, y me senté allí. En mi mente rebotaba el mismo pensamiento una y otra vez: Me había besado. Se había acercado a mí para besarme. Yo pensaba que de pequeños lo hacía por un mero juego de niños, o poque tal vez en el pasado le gustara un poco, pero… ¿Ahora? ¿Qué excusa tenía ahora? No tenía ni idea de qué pensar, ni qué decir, ni nada…Suspiré. De pronto, mi teléfono móvil sonó, y por un instante pensé que podría ser K.Pero no, era Alex.Me mordí el labio inferior, dudé por unos instantes, pero al final lo cogí.Y cuando escuché su voz, supe que me iba a costar mucho morderme la lengua y no decirle que había besado a K.

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Sobre el autor


Seles 3 veces
compartido
ver su blog

El autor no ha compartido todavía su cuenta El autor no ha compartido todavía su cuenta