Revista Talentos
Me dices que no tengo corazón, pero puedo explicarlo. Ocurrió hace mucho tiempo, siendo primerizo. No supe defenderme del veneno que despedían sus ocelos. Llegó despacio, untó mis labios con la burundanga de los suyos y se alejó después, sonriente, dejándome un enorme vacío y un penetrante olor a casquería.
