Revista Literatura

Claudio rodríguez: amor y poesía

Publicado el 04 marzo 2014 por Francisco Donaire
Para la recuperada sección de Amor y poesía del blog Ancile, hoy traemos una selección de poemas del gran  poeta zamorano, muy admirado por quien suscribe estas breves líneas liminares,  Claudio Rodríguez, del que recopilamos un conjunto de poemas de temática amorosa, cuya temática singular habría de señalarlo como un referente de la mejor poesía del pasado siglo XX.


CLAUDIO RODRÍGUEZ: AMOR Y POESÍA
CLAUDIO RODRÍGUEZ: AMOR Y POESÍA



CLAUDIO RODRÍGUEZ: AMOR Y POESÍA

Por Ana Franco


ASÍ EL DESEO. COMO EL ALBA, CLARA



Así el deseo. Como el alba, clara
desde la cima y cuando se detienetocando con sus luces lo concreto
recién oscura, aunque instantáneamente.


Después abre ruidosos palomares
y ya es un día más. ¡Oh, las rehenespalomas de la noche conteniendosus impulsos altísimos! Y siemprecomo el deseo, como mi deseo.
Vedle surgir entre las nubes, vedle
sin ocupar espacio deslumbrarme.
No está  en mí, está en el mundo, está ahí enfrente.
Necesita vivir entre las cosas.


Ser añil en los cerros y de un verde
prematuro en los valles. Ante todo,
como en la vaina el grano, permanece
calentando su labor enardecido
para después manifestarlo en breve
más hermoso y radiante. Mientras, queda
limpio sin una brisa que lo aviente,
limpio deseo cada vez más mío,
cada vez menos vuestro, hasta que llegue
por fin a ser mi sangre y mi tarea,
corpóreo como el sol cuando amanece.
    SOMBRA DE LA AMAPOLA
Antes de que la luz llegue a su ansia 
muy de mañana,
de que el pétalo se haga 
voz de niñez,
vivo tu sombra alzada y sorprendida
de humildad, nunca oscura,
con sal y azúcar,
con su trino hacia el cielo,
herida y conmovida a ras de tierra.


Junto a la hierbabuena, 
este pequeño nido
que está temblando, que está acariciando 
el campo, dentro casi
del surco, 
amapola sin humo, 
tú, con tu sombra, sin desesperanza, 
estás acompañando
mi olvido sin semilla. 
Te estoy acompañando. 
No estás sola.
CUÁNDO HABLARÉ DE TI SIN VOZ DE HOMBRE
Cuándo hablaré de ti sin voz de hombre
para no acabar nunca, como el río
no acaba de contar su pena y tiene
dichas ya más palabras que yo mismo.


Cuándo estaré bien fuera o bien en lo hondo
de lo que alrededor es un camino
limitándome, igual que el soto al ave.


Pero, ¿seré capaz de repetirlo,
capaz de amar dos veces como ahora?
Este rayo de sol, que es un sonido
en el órgano, vibra con la música
de noviembre y refleja sus distintos
modos de hacer caer las hojas vivas.


Porque no sólo el viento las cae, sino
también su gran tarea, sus vislumbres
de un otoño esencial. Si encuentra un sitio
rastrillado, la nueva siembra crece
lejos de antiguos brotes removidos;
pero siempre le sube alguna fuerza,
alguna sed de aquellos, algún limpio
cabeceo que vuelve a dividirse
y a dar olor al aire en mil sentidos.


Cuándo hablaré de ti sin voz de hombre.
Cuándo. Mi boca sólo llega al signo,
sólo interpreta muy confusamente.

Y es que hay duras verdades de un continuo
crecer, hay esperanzas que no logran
sobrepasar el tiempo y convertirlo
en seca fuente de llanura, como
hay terrenos que no filtran el limo.
Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.
CLAUDIO RODRÍGUEZ: AMOR Y POESÍA

  SIN ADIÓS


Qué distinto el amor es junto al mar
que en mi tierra nativa, cautiva, a la que siempre
cantaré,
a la orilla del temple de sus ríos,
con su inocencia y su clarividencia,
con esa compañía que estremece,
viendo caer la verdadera lágrima
del cielo
cuando la noche es larga
y el alba es clara.


Nunca sé por qué siento
compañero a mi cuerpo, que es augurio y refugio.
Y ahora, frente al mar,
qué urdimbre la del trigo,
la del oleaje,
qué hilatura, qué plena cosecha
encajan, sueldan, curvan
mi amor.


El movimiento curvo de las olas,
por la mañana,
tan distinto al nocturno,
tan semejante al de los sembrados,
se va entrando en
el rumor misterioso de tu cuerpo,
hoy que hay mareas vivas
y el amor está gris perla, casi mate,
como el color del álamo en octubre.


El soñar es sencillo, pero no el contemplar.
Y ahora, al amanecer, cuando conviene
saber y obrar,
cómo suena contigo esta desnuda costa.

Cuando el amor y el mar
son una sola marejada, sin que el viento nordeste
pueda romper este recogimiento,
esta semilla sobrecogedora,
esta tierra, este agua
aquí, en el puerto,
donde ya no hay adiós, sino ancla pura.
THE NEST OF LOVERS( Alfistron )
Y llegó la alegríamuy lejos del recuerdo cuando las gaviotascon vuelo olvidadizo traspasado de albaentre el viento y la lluvia y el granito y la arena,la soledad de los acantiladosy los manzanos en pleno conciertode prematura floración, la saviadel adiós de las olas ya sin mary el establo con nubesy la taberna de los peregrinos,vieja en madera de nogal negruzcoy de cobre con sol, y el contrabando,la suerte y servidumbre, pan de ángeles,quemadura de azúcar, de alcohol reseco y bello,cuando subía la ladera me ibanacompañando y orientando hacia...
Y yo te veo porque yo te quiero.No era la juventud, era el amorcuando entonces viví sin darme cuentacon tu manera de mirar al viento,al fruto verdadero. Viste arañasdonde siempre hubo músicalejos de tantos sueños que iluminanesa manera de mirar las puertascon la sorpresa de su certidumbre,pálida el alma donde nunca hubooscuridad sino aguay danza.
Alza tu cara más porque no es una imageny no hay recuerdo ni remordimiento,cicatriz en racimo, ni esperanza,ni desnudo secreto, libre ya de tu carne,lejos de la mentira solitaria,sino inocencia nunca pasajera,sino el silencio del enamorado,el silencio que dura, está durando.
Y yo te veo porque yo te quiero.Es el amor que no tiene sentido.El polvo de la espuma de la alta mareallega a la cima, al nido de esta casa,a la armonía de la teja abiertay entra en la acacia ya recién llovidaen las alas en himno de las gaviotas,hasta en el pulso de la luz, en la altamano del viejo Terry en su taberna mientras,toca con alegría y con purezael vaso aquel que es suyo. Y llega ahorala niña Carol con su lucerío,y la beso, y me limpiacuando menos se espera.
Y yo te veo porque yo te quiero.Es el amor que no tiene sentido.Alza tu cara ahora a medio vientocon transparencia y sin destino en tornoa la promesa de la primavera,los manzanos con júbilo en tu cuerpoque es armonía y es felicidad,con la tersura de la timidezcuando se hace de noche y crece el cieloy el mar se va y no vuelvecuando ahora vivo la alegría nueva,muy lejos del recuerdo, el dolor solo,la verdad del amor que es tuyo y mío.
Claudio Rodríguez
CLAUDIO RODRÍGUEZ: AMOR Y POESÍA

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