Les pidió una pausa a sus ayudantes y se arrodilló sobre la silla buscando la posición que le permitiera soportar un dolor cada vez más lacerante.No era justo.Para ella que había buscado impartir justicia, se le hacía inaceptable que en su mejor momento ese intruso maligno le robara la vida. Pero no se quejó. Nunca fue tan impiadosa con nadie como consigo misma. No había tiempo para llorar. Tenía un discurso por pronunciar y la certeza absoluta - como nunca- de que iba a ser el último.
Como un diamante, María del Carmen Cerezal
Publicado el 07 octubre 2011 por AdriagreloLes pidió una pausa a sus ayudantes y se arrodilló sobre la silla buscando la posición que le permitiera soportar un dolor cada vez más lacerante.No era justo.Para ella que había buscado impartir justicia, se le hacía inaceptable que en su mejor momento ese intruso maligno le robara la vida. Pero no se quejó. Nunca fue tan impiadosa con nadie como consigo misma. No había tiempo para llorar. Tenía un discurso por pronunciar y la certeza absoluta - como nunca- de que iba a ser el último.