Un conocido me explica la historia de su iniciación en un taller de clown. Está experimentando con la expresión personal y se sintió atraído por este tipo de taller. Cuenta que lo que más le costó fue el ejercicio que les pidieron de hacer un recorrido urbano caminando con una nariz de payaso y sonriendo a la gente.
Le costó un gran esfuerzo decidirse y cuando lo hizo descubrió que la gente se apartaba de su camino, de lo forzada que debía de ser su sonrisa, crispada.
Me gustó esta historia para crear un personaje que quiere experimentar con estas artes y que prueba sus propios retos. Una gran forma de explorar las relaciones con desconocidos. O, como dice Angie, con los “desconocidos habituales”.

