Condecorando al libertador del Libertador

Publicado el 02 octubre 2015 por Perropuka


La capital del mundo libre –La Paz city, of course – se engalanó, como en toda ocasión especial, con toda la parafernalia pachamámica (sahumerios para ahuyentar la mala suerte, tropas escogidas con casacas prusianas e indígenas de ponchos multicolores para asombrar gringos) para recibir a un viajero procedente de las altas tierras alpinas. De talante tranquilo y reposado-como todos los austriacos, según me comentó alguna vez una amiga alemana- el señor Fischer no se qué tantos, presidente de la serenísima república de Austria, nos asombró a su vez con su sencillez y buena cara para afrontar el agobiador protocolo rompecuellos del Estado Plurinacional de Cocalivia.
Recordemos que hace un año, el desprendido gobernante concedió algún elegante salón de Viena para albergar la importantísima Cumbre de Países sin Litoral, en la que nuestro amado líder llevó la voz cantante para exigir al mundo que tener mar debería ser un derecho humano como el acceso a la alimentación con soberanía. Concurrieron en aquel entonces los soberanos de todas las repúblicas bananeras enclavadas en medio de los continentes, mientras les servían canapés de langostinos para que se vayan acostumbrando a los frutos de mar. Por alguna extraña razón, tanto checos, húngaros, suizos, luxemburgueses como los mismos austriacos no participaron de la vibrante reunión de trajes exóticos y poco más.
Luego de todos los homenajes de rigor en Palacio Quemado, el señor Fischer no se qué tantos, fue invitado a efectuar un tour por los cielos paceños a bordo del teleférico más alto del mundo (imaginen; estar suspendidos encima de 3600 metros sobre el nivel del mar es como estar en las nubes), hoy por hoy el orgullo paceño por antonomasia, construido gracias a la visión estratosférica de Su Excelencia que, no obstante su infinito amor a la Madre Tierra, no derramó ni una lágrima por el derribo de árboles centenarios de una céntrica avenida que iban a estorbar la construcción de un ramal del susodicho teleférico. A partir de hoy, el barrio de Miraflores debería cambiar el nombre por Miratorres. 
No faltaron las fotos acostumbradas de ambos mandatarios al pie de las cabinas, eso sí, abrazados con indígenas para completar el decorado, mientras una multitud de fotógrafos, reporteros, edecanes amarraguatos y demás curiosos poblaban la explanada. El señor Fischer no se qué tantos también dio el paso histórico, pues según los cronistas de S.E., era el tercer presidenteextranjero en estrenar el artilugio pero con el no mero detalle de estar contemplando una obra de ingeniería austriaca que le llenaba de orgullo patrio. Visiblemente emocionado dijo que estaba sorprendido de saber que en Bolivia se usaba como un auténtico medio de transporte, desde luego ignorante del pésimo y nauseabundo servicio público terrestre de cualquier ciudad boliviana.
Con tal motivo de su ilustre visita, el bienamado salvador moral del planeta aprovechó la ocasión para homenajear con toda pompa a su protector. Sin querer queriendo, el señor Fischer no se qué tantos entró de pleno en la historia al haber interrumpido un complot del pérfido imperio y sus aliados europeos que a punto estuvo de ensombrecer los cielos de Europa para siempre. Según los trovadores de S.E., la valiente intervención del presidente austriaco frustró el atentado contra el solitario guerrero que se ha propuesto liberar al mundo del malhadado imperialismo, el odiado capitalismo y otros males que están corrompiendo a la humanidad. Dicen los mismos cronistas que en aquel sonado incidente aéreo, los confabulados pusieron en peligro la vida del incuestionable paladín y la imbatibilidad de su gloriosa aeronave que lo transporta en sus sagradas misiones. Así que no iba a olvidarse el café con galletas, el cojín reposacabezas y el inconmensurable apapacho psicológico que el mandatario austriaco le prodigó en tierra mientras duraban las tediosas horas del ‘secuestro’ ordenado por el imperio.
Hoy, dos años después, ya convertidos en aliados sin salida al mar pero con océanos de dignidad, el ‘hermano’ Fischer no se qué tantos y el ‘hermano presidente’ Morales se dieron el abrazo que sella su amistad para toda la vida. Y por tan excelsosservicios prestados al Estado boliviano (o sea, Evo Morales) se le condecoró entre mares de aplausos con el Cóndor de los Andes, que con el correr de los años vuela cada vez más bajo. Para rematar la faena, sus respectivas comitivas se dieron a la tarea de organizar un foro boliviano-austriaco de buenas intenciones, intercambio de conocimientos y algún que otro negocio adicional como la importación de chocolates Mozart. Entretanto, suena el vals que parece inspirado en el Danubio Azul, para prolongar la resaca de la victoria aplastante, según dicen, contra la soberbia chilena.

Un podio con altura: de cómo un andino recibe a un alpino