Revista Talentos
Unas tijeras fantásticas cortaron los hilos que me daban movimiento. Brotó la sangre y sentí dolor, porque, después de tantos años, eran ya parte de mi cuerpo. Me quedé quieto, desorientado. Comencé a caminar y me sorprendió poder hacerlo en la dirección que yo quisiera, pero tuve miedo, mucho miedo.
