Por Hogaradas
Hoy no puedo menos que reflexionar acerca de la credibilidad o no de dos dichos populares. El primero de ellos alude a tener claro cuál es nuestro objetivo y al tesón y al esfuerzo que pongamos por lograrlo, y se trata del tan conocido “el que la sigue, la consigue”; el segundo viene a decir algo así como que “el dinero no da la felicidad pero ayuda mucho a conseguirla”.
Y esta reflexión matutina del refranero popular os preguntaréis a qué viene, pues a eso, a que he escuchado en la radio que al fin habrá boda y que el mes elegido para el feliz acontecimiento será el próximo octubre.
Está claro que hasta la fecha la televisión se convertirá en un hervidero de informaciones, personajes y especulaciones acerca de todos y de todo, así que preparémonos para afrontar lo que nos queda con la mayor de las resignaciones, porque el evento apunta maneras de convertirse en toda una auténtica revolución, ya que a todo lo que vaya aconteciendo en la actualidad se sumará sin ninguna duda la rememoración de lo acaecidos con anterioridad, y entre lo de ahora y lo de antańo se formará un revoltijo digno de los paladares más televisivos.
Yo, con permiso de todos quienes siguen creyendo en el amor, en este en concreto que nos ocupa, me permitiréis que siga cargada de escepticismo, a pesar de que el futuro contrayente exprese la emoción que siente cuando su enamorada le dice que le quiere y se empeńe en proclamar a los cuatro vientos, vía entrevista “fina picolina” su amor desde hace “ańos y pańos.”
Pero bueno, y aquí me viene a la cabeza de nuevo el refranero popular, esta vez con el famoso “siempre hay un roto para un descosido”, así que mientras haya seńoras que a pesar de su avanzada edad continúen teniendo una gran vocación de casadas y seńores dispuestos a pasearlas, el mundo seguirá siendo mundo, y tendremos que continuar pensando que todo lo que nos cuentan y vemos en imágenes es cierto, y que lo que en el fondo existe es un amor puro, sincero y totalmente desinteresado, aunque la rumorología aporte casi a diario datos que nos hacen dudar una y otra vez de la veracidad del sentimiento.
Y mientras se llevan a cabo los preparativos del enlace, que aunque no multitudinario, seguro será fastuoso, el resto de los mortales seguiremos susurrando a nuestro enamorado eso de “contigo pan y cebolla”, aunque en este caso el dulzor del pan no dejará jamás que los paladares conozcan el sabor amargo de la cebolla, ya que tras el evento los enamorados podrán disfrutar de la cara más dulce de la luna, esa miel que los llevará a algún paraíso probablemente bastante alejado del bolsillo del resto de los mortales; pero ya se sabe eso de que “poderoso caballero es don dinero, poderoso caballero", porque al fin y al cabo "a nadie le amarga un dulce."
Fotografía - DANIEL GONZÁLEZ ZAPICO
