Revista Talentos
El ruido de cristales rotos la sacó de su ensoñación. Salió de la ducha, muy nerviosa, asustada. El albornoz apenas puesto se enredó entre sus piernas y perdió el equilibrio, rodó sin control escaleras abajo y chocó contra el espejo; el mismo ruido de cristales rotos... y todo se desvaneció.
