Además es tan diferente a su hermana, como el día y la noche, pero los quiero por igual. Y eso que cuando no había nacido aún y miraba a Noah, me quedaba pensando, ¿y sabré quererle igual que a ella?, ¿se podrá querer tanto y con tanta intensidad a otro hijo? .
Cierto es que tenía un poco de miedo a no ser capaz, si, lo se, que tonta por pensar así, pero seguro que no he sido la única que en algún momento lo ha pensado y lo ha sentido.
Luego ya ves, es verlos la carita, y saber que los vas a querer hasta el fin de tus días, de la manera más intensa y bonita que jamás puede haber entre madre e hijo.
Que darás ,sin dudarlo, tu vida por el en cualquier momento y que estarás ahí siempre que el te necesite.
Qué os voy a contar que no sepáis vosotras ya.
Y pasado el momento emotivo, hagámonos crónica de la celebración:
Día intenso, quería darle una sorpresa con la tarta y estuve husmeando por internet, a ver si se me encendía la bombilla y me atrevía a hacer algún postre curisoso y resulta que la búsqueda dió su resultado:
¡Un bizcocho en forma de pelota! Sí, perfecto, era genial, a mi hijo le encanta el fútbol, los primeros pasos que dío fue para chutarle a un juguete del suelo ( de verdad, puedo demostrarlo, tengo el vídeo ).Creo que esa agilidad al jugar ,la ha heredado de mi padre, que jugaba al fútbol en una liga regional, por que si no, no nos explicamos cómo puede jugar y hacer las cosas que hace tan pequeño.
Total que me puse manos a la obra, pero de estas veces que sacas todos los ingredientes y dices...puff..¿por donde empiezo?. No creáis que tiré la toalla, no, me la até a la cabeza y empecé, harina por aquí, huevos por allá, levadura, azúcar, ¿dónde he puesto la batidora? ah si, aquí, vale, ya estoy en marcha...
He estado toda la mañana en la cocina metida, para lograr esto: