Revista Talentos
Sopló las velas salpicando a la familia de merengue. Parecía más un bebé feliz que una abuela centenaria. Cuando mi padre, descorchando el champán, rompió la urna funeraria del abuelo, nadie se percató del infarto de la homenajeada. Andábamos todos muertos de risa, buscando por el suelo su dentadura postiza.
