De la pezuña de su nueva compañera de trabajo, aprendió el oficio rápidamente: evitar meterse en prados ajenos; vigilar al lobo que acecha; y nunca, nunca, dejar de contar las ovejas.
Dejó el inútil título de licenciado en su pequeña habitación con derecho a cocina y se echó al monte.
De la pezuña de su nueva compañera de trabajo, aprendió el oficio rápidamente: evitar meterse en prados ajenos; vigilar al lobo que acecha; y nunca, nunca, dejar de contar las ovejas.
De la pezuña de su nueva compañera de trabajo, aprendió el oficio rápidamente: evitar meterse en prados ajenos; vigilar al lobo que acecha; y nunca, nunca, dejar de contar las ovejas.