¿De qué hablamos?

Publicado el 25 enero 2010 por Mqdlv
-¿Qué creés de nuestra edad? –le pregunté y Claudia me miró como si esa interpelación directa que nos sacaba de nuestro lugar habitual de "mujeres de", la ubicara en punto inicial peligroso.Pablo interrumpió nervioso: - No, Indiana –dijo entre risas falsas- no les vas a venir a los chicos con nuestra locura del complejo de edad.
- ¿Desde cuándo te parece una locura?
- Yo creo que es una hermosa edad porque estamos jóvenes y llenas de experiencia –dijo Claudia. Finalmente.
-Ah, ¿sí? ¿Tuviste experiencias sexuales con muchos hombres? –le pregunté y sentí la pierna de Pablo golpear contra la mía por debajo de la mesa.
-Tendrías que definirme qué es mucho -me replicó Claudia y su escapatoria en postura combativa, después de tantas que había tenido durante toda la noche, me molestó. Desde hacía tiempo detestaba a las mujeres que no se ponían de parte de las mujeres. Por qué no había podido contestarme que sí, que por suerte sí había conocido a muchos hombres hasta llegar a Leandro, o que no, que había perdido el tiempo obsesionándose con la fotografía, en lugar de aprender más de los hombres; o que había probado de todo, incluso mujeres. Cualquiera de esas respuestas hubiera sido la indicada si la suya se hubiera tratado de una postura real. Pero con esa respuesta había dejado en claro que no, que sólo era víctima de un débil intento por abolir el impostergable paso del tiempo, haciéndose la cool.
-¿Te acostaste con más de veinte hombres?
-Indiana, tal vez no sea una pregunta que Claudia quiera contestar delante de Leandro, mejor se la hacés otro día por teléfono –interrumpió Pablo.
-Es que nosotras no hablamos por teléfono.
-Puedo contestar, Pablo, no te preocupes –se adelantó Claudia -. Me acosté con más de cuarenta tipos, como con cuarenta y cuatro, si el cálculo que hicimos con Leandro en la cama el otro día no me falló.
-Bien, sos de las mías, entonces. Yo en el año que esperé que Pablo se dignara a cogerme, me acosté como con veinte, y ahí superé los cuarenta.
-Qué bien chicas, parece que las revelaciones se van a volver interesantes –se rió Leandro y llenó de vino las copas de los cuatro.
- Así que la tuviste un año esperando –preguntó Claudia pero antes de que pudiera contestar, Pablo dijo: -No creo que la historia haya sido así.
-Vos porque no viste cómo me masturbaba cada vez que te veía salir del lobby de mi edificio… creo que llegaba al departamento al borde del orgasmo.Un silencio encantador se apoderó del lugar. Tomé un trago y señalé un cuadro que Claudia y Leandro habían colgado del techo.
-¿Ves, Pablo? Siempre te digo: sos un ganador –Leandro rompió el silencio.
-Bueno, vos podrías haberlo hecho subir directamente para que te coja, ¿o sos de las que creen que si el hombre no da el primer paso entonces la mujer tiene que esperar? –con ese comentario, Claudia no me dejaba más dudas acerca de su ficticia realidad. No podía entender cómo Leandro estaba con ella, él, tan sencillo y relajado, tan buen mozo, con ella, que era una absoluta mentira, el cliché de la chica superada, segura, moderna y claro, tenía que dar la nota, decir que ella no espera, que ella propone, hace, seduce, es independiente, valiente.
- ¿Vos lo decís porque te considerás un caso éxito después de haber encerrado a Leandro en el baño de esa fiesta hasta que te lo cogiste de parada, mientras su novia de entonces -que además era tu amiga, ¿no?- conversaba tranquila?
- Basta, Indiana –se alarmó Pablo.
- No, lo digo bien. Me parece una actitud muy valiente, muy femenina y moderna cagarse en las demás mujeres.
-No soy feminista, no me interesa el feminismo, voy detrás de mi deseo y no me cagué en nadie, era algo que tenía que pasar entre nosotros dos, sino mirá –replicó con tono apesadumbrado, como si el sólo hecho de seguir con Leandro la salvara de ser una hija de puta sin códigos.
-Es cierto, me encanta que estén juntos –levanté la copa y propuse un brindis por la amistad, el deseo y el destino.