La vida es una apisonadora que todo lo arrasa: dioses, Dios, Destino, reencarnaciones, gehenas, fantasmas... Dicen que leía a Gustavo Bueno y aquí estoy en guerra, matando hombres como niños y mujeres con niños dentro. Conducimos una apisonadora con zapatos cuyos cordones cuelgan a milímetros del eje del gran rodillo.