Sin embargo, a pesar de la euforia, la mona evitó usar rímel. Siempre se le corría al llorar.
Se pintó los labios, se rizó las pestañas y se puso su mejor minifalda, la de seda salvaje. Ilusionada, salió de casa, convencida de que esa noche, al fin, encontraría el amor.
Sin embargo, a pesar de la euforia, la mona evitó usar rímel. Siempre se le corría al llorar.
Sin embargo, a pesar de la euforia, la mona evitó usar rímel. Siempre se le corría al llorar.