De viaje

Publicado el 08 abril 2016 por Sylvia
Salí de viaje con B, y pude corroborar que para viajar cómodamente con un bebé, hay que dejarle en casa. Mi niña se porta, gracias a Dios, como corresponde a sus once meses casi doce; entre eso y mis problemas con la ubicación espacial y las habilidades manuales, los trayectos de ciudad a ciudad, especialmente el de regreso, fueron casi odiseas. No sé si tengo una carriola especialmente difícil de plegar, pero yo no consigo adiestrarme en su manejo. Se desconchinfló un poquito con el trato que recibió en las travesías anteriores -por parte de empleados y bienintencionados-, así que esta vez ensayé doblarla y desdoblarla; pero la práctica no me hizo muy trucha. Tampoco se me da lo de ubicar y presentar rápido pases de abordar, identificaciones, tickets, etc. Siempre estoy temiendo que no estén... Cada vez, presenté el montón de papeles y la persona encargada buscó-encontró el que se necesitaba en ese momento.
Creo que es la tercera vez que hacemos la misma ruta; sin embargo, en esta ocasión debíamos bajar de un avión y abordar otro en 27 minutos: un récord. Al menos ocho empleados hicieron equipo para que lo lográramos, pero al llevarnos por un atajo, perdimos segundos imprescindibles frente a un elevador que nunca bajó a donde lo esperábamos. Gracias a eso, nos quedamos sin vuelo y pasamos la noche en un cómodo hotel (cortesía de la aerolínea) donde disfrutamos una cena y disfruté un desayuno, que habrían sido espléndidos si B no tuviera las necesidades de bebé que corresponden a sus ya mencionados once meses casi doce. A la mañana siguiente, la emoción llegó al extremo en el aeropuerto: siempre había estado ahí, siendo dirigida por empleados para llegar de la puerta de un avión a la del otro; ahora me encontraba a mi cargo, y a cargo de mi criatura. Fui como una pueblerina de 1920 en el actual aeropuerto de Dubai. Concluí que necesito asistencia.
Silvia Parque